Las mujeres representan el 48 % de los migrantes en el mundo y cada vez son más las mujeres que migran solas, incluso como jefas del hogar.
Mientras que muchas personas migran para aprovechar nuevas oportunidades o reunirse con la familia, otras escapan de la violencia.
¿Por qué las mujeres y niñas dejan sus países de origen?
Las mujeres y las niñas migran por oportunidades económicas, educación, reunificación familiar y para escapar de la violencia de género u otras prácticas nocivas como la mutilación genital femenina y el matrimonio infantil. La discriminación y las desigualdades de género, como el acceso limitado a empleos decentes, recursos o protecciones jurídicas, a menudo influyen en las decisiones de las mujeres para migrar. Los conflictos y las crisis climáticas afectan desproporcionadamente a las mujeres, y llevan a muchas a migrar en busca de seguridad y protección.
¿Cuál es la influencia del género en la experiencia migratoria?
El género surte efectos en cada etapa de la migración. Muchas mujeres y niñas a menudo enfrentan discriminación de género en todas las etapas de la migración, ya que las leyes y políticas con frecuencia refuerzan las desigualdades de género de los países de origen, tránsito y destino. El género determina cada aspecto de la migración: las motivaciones para salir, el acceso a información, el recorrido —especialmente para aquellas mujeres que viajan por rutas peligrosas e irregulares por tierra o mar— y la integración en nuevas comunidades. El género también influye en los tipos de trabajos que las mujeres migrantes buscan y en los desafíos que encuentran.
La discriminación puede suceder debido a varios factores, como la raza, el origen étnico, la nacionalidad, el idioma o la religión. Cuando estos aspectos se interrelacionan con el género, los efectos de la discriminación pueden ser más pronunciados y complejos.
¿Qué desafíos enfrentan las mujeres y niñas al migrar?
Las mujeres y niñas constituyen, aproximadamente, la mitad de las personas que migran en todo el mundo. Las mujeres también representan casi la mitad de las y los trabajadores migrantes que envían dinero a casa (remesas). Las mujeres pueden migrar para mejorar su calidad de vida y perspectivas económicas, entre otros motivos. Para muchas, la migración mejora su autonomía, poder de acción e independencia al ofrecer oportunidades para una vida mejor. Sin embargo, la migración también puede exponer a mujeres y niñas a riesgos graves, como la explotación, la trata de personas, el trabajo forzado y la violencia de género. Estos riesgos aumentan particularmente para las mujeres y niñas migrantes que viajan sin la documentación necesaria, como pasaportes o visas, y aquellas que se ven obligadas a tomar rutas peligrosas, quienes suelen quedar a merced de traficantes de personas que pueden explotarlas o abusar de ellas.
Respecto a perspectivas de empleo, las desigualdades en los mercados laborales y en la sociedad dejan a muchas mujeres migrantes con acceso limitado a información, empleos, recursos y poder de decisión en comparación con los hombres. Millones de mujeres y niñas en todo el mundo aún enfrentan considerables barreras para acceder a la educación y a oportunidades de aprendizaje a lo largo de la vida. Esta limitación restringe sus opciones para adquirir las habilidades y conocimientos necesarios para muchas oportunidades laborales, tanto en sus países de origen como en el extranjero. Esta situación es especialmente cierta para las mujeres y niñas más pobres y marginadas, que suelen carecer de acceso a información confiable sobre migración regular y segura.
¿Cuáles son los riesgos de violencia de género para las mujeres y niñas migrantes?
Una de cada tres mujeres en todo el mundo ha experimentado violencia sexual o violencia cometida por la pareja al menos una vez en la vida. Para las mujeres y niñas migrantes, los riesgos de experimentar violencia de género a lo largo de sus tránsitos migratorios son alarmantemente altos, sin embargo, los datos sobre el tema siguen siendo insuficientes. Hay una notable escasez de información sobre la explotación, el abuso y la violencia que enfrentan las trabajadoras migrantes, en especial aquellas empleadas en sectores de menor calificación. Además, muchas mujeres migrantes —sobre todo aquellas que están indocumentadas o en una condición irregular— no denuncian la explotación y el abuso a las autoridades por miedo a que las arresten o deporten.
A lo largo de ciertas rutas migratorias, la violencia es una amenaza constante, y muchas mujeres la experimentan repetidamente en el cruce, a menudo a manos de traficantes, contrabandistas, bandas criminales, funcionarios corruptos e incluso otras personas migrantes. La violencia que enfrentan las mujeres migrantes está arraigada en la falta de vías migratorias seguras, múltiples formas de discriminación y desigualdades estructurales. Estos riesgos se agravan por el acceso inadecuado a información y servicios, así como por las diferencias lingüísticas. El aumento de la pobreza y la incapacidad de acceder a un trabajo decente también ha llevado a algunas mujeres migrantes a aceptar oportunidades económicas de mayor riesgo que las dejan más expuestas a la violencia, al abuso y a la explotación.
¿Qué aportan las mujeres migrantes a los países de destino?
Las mujeres migrantes hacen contribuciones relevantes en todas las etapas de la migración y en los países adonde llegan a pesar de los desafíos persistentes, como las altas tasas de discriminación y racismo. Las mujeres migrantes llenan vacíos laborales en puestos clave, mejoran la diversidad cultural y fomentan la cohesión social. Las actividades comerciales de las mujeres migrantes estimulan las economías locales, mientras que su participación en la educación y las iniciativas comunitarias fortalece el compromiso cívico. Las migrantes a menudo sirven como puentes culturales, al promover la comprensión mutua y la tolerancia en sociedades cada vez más diversas. En los sectores de la salud y los cuidados, las mujeres migrantes tienen roles críticos para abordar el envejecimiento de la población y la escasez de mano de obra en muchos países del mundo.
¿Qué tipos de empleo tienen las mujeres migrantes?
Las mujeres migrantes pueden ocupar los mismos empleos que sus homólogos hombres, pero las desigualdades de género, la discriminación y la segregación arraigadas en el mercado laboral a menudo las confinan a trabajos informales y precarios que se alinean con los roles de género tradicionales. Además, la falta de reconocimiento de sus calificaciones puede limitar aún más sus oportunidades en el extranjero. Se estima que las mujeres representan el 41 por ciento de los 169 millones de trabajadores migrantes de todo el mundo. Alrededor del 13 por ciento de las mujeres migrantes trabaja en puestos de trabajo doméstico, con hasta 81 por ciento de empleo informal, sin protecciones sociales o laborales. Muchas mujeres migrantes terminan en la economía informal, en ámbitos de trabajo doméstico y de cuidados, donde las protecciones laborales son mínimas o inexistentes, y se incrementan los riesgos de violencia, discriminación y explotación laboral.
¿Cuáles son los efectos de la migración en el acceso de las mujeres a los servicios?
Los obstáculos jurídicos, las barreras lingüísticas, la discriminación y las restricciones financieras a menudo limitan el acceso de las mujeres migrantes a servicios esenciales, como atención médica, vivienda y educación. Para las trabajadoras domésticas migrantes, el acceso a estos servicios se ve aún más obstaculizado por el aislamiento y el empleo informal. Los servicios de salud sexual y reproductiva —como la planificación familiar, la atención prenatal y la educación en salud sexual— son un derecho fundamental para las mujeres y niñas migrantes, pero su acceso se restringe frecuentemente por barreras jurídicas o sociales, lo que puede resultar en complicaciones que amenazan la vida o incluso causan la muerte. Las personas transgénero o de género divergente que son migrantes indocumentadas y aquellas personas con condición migratoria irregular enfrentan desafíos aún mayores y a menudo se ven disuadidas de buscar ayuda debido al miedo a experimentar discriminación, detención y deportación.
¿Cómo afectan las políticas migratorias a mujeres y hombres?
Las políticas migratorias a menudo no tienen en cuenta las necesidades específicas, los desafíos y las situaciones de vulnerabilidad que enfrentan las mujeres, lo que alimenta las desigualdades de género. Las opciones de migración seguras y regulares quedan fuera del alcance de muchas mujeres, de tal modo que se determina quién migra, adónde y de qué manera con un velo de discriminación de género. Esto lleva a muchas mujeres a recurrir a rutas de migración inseguras e irregulares, y aumentar así el riesgo de ser víctimas de trata, violencia y explotación. La falta de datos de género sobre las experiencias de las mujeres migrantes agrava estos problemas y deja sus necesidades desatendidas en la formulación de políticas. Las políticas de migración con perspectiva de género, como las que se describen en el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, se centran en empoderar a las mujeres mediante vías seguras y regulares, protecciones jurídicas y toma de decisiones inclusiva. Al abordar las barreras sistémicas, estas políticas fomentan la igualdad de género y mejoran la autonomía de las mujeres, así como su acceso a nuevas oportunidades.
Las protecciones laborales para las mujeres migrantes deben fortalecerse en todos los sectores, pero en especial en los informales, como el trabajo de cuidados y doméstico, para reducir la explotación, la violencia de género y la discriminación. Las mujeres deben tener acceso a información precisa y con perspectiva de género que les permita tomar decisiones informadas sobre la migración, incluidos los riesgos y desafíos de esta decisión. Establecer o ampliar servicios para migrantes con capacitación en idiomas, desarrollo de habilidades y asesoramiento puede fortalecer la integración de las mujeres migrantes en los países de destino y al momento del retorno, si esto ocurre. Para las mujeres migrantes que son sobrevivientes de violencia, el acceso gratuito y seguro a centros de acogida, servicios de salud y asesoramiento informado sobre traumas es clave para apoyar su reintegración.
(Con información de ONU Migración y ONU Mujeres)

