Cómo la IA y el algortimo impactan en la industria musical

En una década la industria musical se ha transformado por factores como la digitalización, el internet y la inteligencia artificial (IA).

Estos avances tecnológicos en la creación y distribución de música han contribuido de manera clave a la democratización absoluta de la música. Y apenas es el comienzo.

Por un lado, la digitalización de las herramientas de producción pone al alcance de cualquiera (incluidos aquellos que no saben tocar ningún instrumento ni cantar) producir música con un ordenador y un programa de edición y es habitual desde hace ya muchos años grabar música de altísima calidad sin salir de tu dormitorio.

Esto ha derribado la antigua barrera de entrada al mercado musical que suponía el costo de un estudio de grabación con un equipo de profesionales: productor, técnicos y en ocasiones músicos de sesión o músicos de estudio. Este costo suponía una inversión importante que la discográfica adelantaba al artista por la ganancia prometida debido a la venta de un soporte físico.

Las plataformas de streaming terminaron con la fabricación del soporte físico y su distribución a los puntos de venta, otra parte de la cadena de valor financiada por la discográfica. Estos avances nos han facilitado el acceso a una cantidad sin precedentes de música producida hoy mismo y en todas las épocas desde que se comenzó a grabar música en un soporte.

Esta saturación también ha resultado ser la pesadilla de la gran mayoría de los profesionales de la música, pues la proporción de canciones que alcanzan el éxito comercial es cada vez menor y la posibilidad de dedicarse profesionalmente a la música es proporcionalmente ínfima comparada con la gente que publica su música. De acuerdo con Alan Krueger, economista especializado en la industria musical, el 1% de los artistas globales (desde Taylor Swift hasta Beyoncé, pasando por Guns N’ Roses o Bruce Springsteen) genera el 60 % de los ingresos por actuaciones en vivo.

El estudio Ganancias de los creadores de música en la era digital, publicado en Reino Unido en 2022, revela que solo 1,723 músicos británicos pueden vivir de los ingresos del streaming. Es decir, solo el 0.4% de los artistas del país con la tercera industria musical más potente del mundo pueden vivir de su obra.

Al igual que empezamos ya hace unos cuantos años a notar los efectos de la “infoxicación” de conocimiento y contenidos en la era digital, la música, que fue prácticamente el primer sector cultural en abrazar la digitalización junto a la literatura, también ha entrado en su propio proceso de “infoxicación”.

Es que la cantidad de música disponible dificulta procesas y analizar el contenido. Sólo en noviembre de 2023 Spotify tenía 574 millones de usuarios y superaba los 100 millones de canciones. Según un estudio de la consultora Luminate Data realizado en 2022, el 42 % de las canciones contenidas en todas las plataformas de streaming del mundo no habían recibido más de diez escuchas y el 24 %, ni una sola.

Para ayudarnos a encontrar lo que nos gusta entre millones de canciones, la IA nos ha regalado un algoritmo que nos recomienda qué podemos escuchar, basado en lo que se supone que nos gusta y en las recomendaciones de nuestros amigos.

El algoritmo ha acabado de un plumazo con el poder y la influencia que antes moldeaban los gustos de la gran mayoría, que eran llevados por los ejecutivos de las discográficas, supuestamente dotados de conocimiento y criterio en la materia, quienes decidían quién iba a formar parte de la memoria colectiva musical de un país, de todo el mundo o de toda una generación.

Hasta no hace tanto, una apabullante mayoría accedía a las novedades musicales a través de las radiofórmulas y los programas musicales especializados, la televisión y la prensa musical, con sus revistas especializadas y sus revistas de fans.

Lo que no se vio venir es que, a pesar de vivir una época en que la producción de música es infinitamente mayor y más variada que nunca, los algoritmos están limitando los gustos musicales de las personas, contribuyendo a la homogeneización de estilos y al declive de la diversidad musical.

Es que el algoritmo recomienda música similar a la escuchada y genera birbujas musicales en las cuales la exploración se limita a una minoría de usuarios activos que buscan nuevos sonidos y artistas emergentes.

Este tipo de usuario, minoritario, es un consumidor de nicho que busca estilos de baja demanda y los algoritmos, en lugar de fomentar la diversidad, favorecen la familiaridad, por lo que consolidan preferencias de estilos musicales populares y comunes.

De esta manera se cierra el círculo musical y la tendencia apunta hacia unos pocos géneros dominantes, limitando la exposición a la riqueza y variedad que la escena musical tiene para ofrecer.

Un análisis del mercadólogo Mauro Canut señala que la lista de canciones más escuchadas recientemente tiene texturas de sonido muy parecidas. La música electro latina, el pop electrónico, el hip hop y el trap y el sonido urbano en general, afirma, están producidos con prácticamente la misma biblioteca de sonidos (bombos, bajos, chastons, etc.) y las mismas estructuras (mucho más simplificadas) en melodías y letras, y se emplean también los mismos arreglos que ya han funcionado en éxitos anteriores.

Como el algortimo favorece la familiaridadse consolidan preferencias hacia estilos musicales más populares y comunes. Además, las discográficas y editoriales acuden cada vez más a clusters de compositores, músicos, productores y arreglistas para componer los hits que encabezan las listas. Lo que significa juntar al que compuso ese estribillo tan conocido con el productor que hizo ese drop tan manido y con el letrista que ha escrito los últimos singles de esta megaestrella para crear un nuevo hit.

Es como si la gastronomía se decidiera entre cuatro chefs que usan los mismos ingredientes para hacer el mismo plato una y otra vez. Si hace años en las canciones intervenían uno o dos compositores, hoy no nos sorprende ver en los créditos a siete u ocho personas entre compositores, letristas y productores cuyo objetivo es conseguir un tema que tenga los mismos ingredientes de los hits de ese año.

Una investigación realizada por la revista Music Week muestra que hoy en día, para escribir un éxito musical, se requieren 4.53 compositores. Si a eso le sumamos que más del 90 % de los hits salen de TikTok, donde también la IA nos encierra en nuestra burbuja y nos empuja con su algoritmo a escuchar lo mismo una y otra vez, la uniformidad en los gustos musicales es inevitable a no ser que la proporción de oyentes activos frente a los pasivos sea cada vez mayor, cosa difícil cuando un algoritmo decide lo que tienes que escuchar.