Las niñas están en primera línea de las crisis

Treinta años después de la Declaración de Beijing,  es un hecho que invertir en los derechos de las niñas es un deber moral y una elección estratégica, porque las niñas están en primera línea de las crisis, como blancos o para encontrar soluciones.

Ha habido avances como la reducción de la maternidad adolescente, la disminución del matrimonio infantil y muchos países han prohibido la discriminación y la violencia, al tiempo que han ampliado el acceso a la educación y a la salud. Estos avances demuestran lo que se puede lograr cuando los gobiernos y las comunidades se comprometen con los derechos de las niñas.

Sin embargo, el progreso es frágil. 122 millones de niñas siguen sin asistir a la escuela en todo el mundo, casi una de cada cinco mujeres jóvenes de entre 20 y 24 años se casó antes de los 18 años y 50 millones de niñas han sufrido violencia sexual. Cada año, cuatro millones de niñas sufren mutilación genital femenina (MGF), la mitad de ellas antes de cumplir los cinco años. Al ritmo actual, el progreso debe ser 27 veces más rápido para acabar con la MGF en 2030.

En 2024, 676 millones de mujeres y niñas vivían cerca de conflictos mortales, enfrentándose a la interrupción de su educación, la violencia y obstáculos para acceder a la salud. El costo de la inacción es inmenso, medido en vidas perdidas y futuros truncados.

El informe Gender Snapshot 2025 presenta pruebas claras de que invertir en las adolescentes multiplica los beneficios para los niños, las comunidades y las economías. Solo en África, estas inversiones podrían generar 2.4 billones de dólares estadounidenses en nuevos ingresos para 2040.

Cada año adicional de educación secundaria aumenta los ingresos potenciales de una niña entre un 10 % y un 20 %.

Una acción integral en materia de protección social, educación, economía verde, mercados laborales, innovación y gobernanza podría sacar de la pobreza extrema a 52 millones de mujeres y niñas más para 2030.

La niña que soy, el cambio que lidero

Este día de la infancia hacemos homenaje a 5 mujeres que comenzaron a hacer activismo en sus primeros años.

Greta Thunberg: en huelga contra el cambio climático

Nacida en 2003, esta niña activista sueca comenzó su andadura en el activismo iniciando una huelga cada viernes. ¿El motivo? El impacto del cambio climático. Diagnosticada con el Síndrome de Asperger, que ella misma considera un superpoder, su lucha comenzó en agosto de 2018. Su huelga consistía en no asistir al colegio hasta que fueran las elecciones generales en su país, en el mes de septiembre de ese mismo año. Quería que quien ganara las elecciones se comprometiera a que su país redujera las emisiones de gases de efecto invernadero según lo establecía el Acuerdo de París.

Tras las elecciones continuó su huelga escolar por el clima cada viernes a las puertas del parlamento sueco, portando una pancarta que siempre le acompaña. Inspiró a la juventud y en diciembre grupos de estudiantes convocaron manifestaciones en más de 270 ciudades del mundo. En mayo de 2019 fue nombrada por la revista Time líder de la próxima generación. Su lucha contra el cambio climático llegó incluso a las Naciones Unidas y a la Cumbre del Clima, tras un largo viaje en catamarán cruzando el Atlántico.

Greta es el blanco perfecto de los movimientos negacionistas del cambio climático, generando grandes polémicas; ha conseguido movilizar no solo a la juventud sino al mundo entero en torno a un asunto que determina, sin duda, el futuro de la humanidad.

Malala Yousafzai: de reclamar educación para niñas a conseguir el Nobel de la Paz

En el año 2012, con tan solo 15 años, Malala fue tiroteada en su escuela de Pakistán. Los talibanes la consideraban una enemiga del régimen por reclamar una educación para las niñas en su país tras prohibirlo en 2009. Malala lo empezó a contar en un blog de la BBC y el mundo empezó a poner el foco en este asunto.

Malala creció en una familia dedicada a la educación y por eso no podía concebir que niñas como ella no pudieran acceder a un derecho básico solo por ser niñas. Tras el atentado que sufrió y una vez estabilizada, la trasladaron a Inglaterra y allí ha continuado su labor como activista hasta hoy. En junio de 2020 se licenció nada menos que en Oxford en Filosofía, Política y Economía. Sin duda su frase más conocida nos acompañará siempre cuando reclamamos el derecho a la educación: “One child, one teacher, one book, one pen can change the world” (un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar al mundo).

Autumn Peltier: defender el derecho al agua desde los pueblos originarios

Nacida en la Primera Nación Wikwemikong (Canadá) en 2004, comenzó a destacar como activista con tan solo ocho años. Una ceremonia en la Reserva del Río Serpent advirtiendo sobre la no potabilidad del agua despertó su activismo. ¿Por qué no todo el mundo tenía acceso a un derecho tan básico?, se preguntaba.Grifo de agua y manos

Su activismo, podríamos decir, le viene de serie. Y es que su gran inspiración es su tía abuela Josephine Mandamin, fundadora del movimiento Mother Earth WaterWalk. Tras enfrentarse al Premier Trudeau en la Asamblea de las Naciones Originarias se creó dentro de ella el fondo Niabi Odacidae. En 2019 esta joven activista fue nombrada como Comisionada del Agua por la nación Anishinabek, cargo que también había ocupado su tía.

Nominada para el Premio Internacional de la Paz Infantil, ha pronunciado discursos en las Cumbres del Clima en 2018 y 2019. No hay duda que tenemos delante una joven luchadora por los derechos más básicos.

Jazz Jenning, activista transgénero por los derechos LGTBI

Aunque Jazz nació en el año 2000 con órganos sexuales masculinos, siempre supo que ella era una niña. Así, con seis años y el apoyo de su familia, inició el proceso de transición para convertirse en niña también oficialmente. Abrió un canal en Youtube y comenzó a aparecer en programas de televisión para contar su historia, sensibilizando sobre los derechos de las personas transgénero.

En el año 2014 la revista Time la incluyó en su lista de los 25 adolescentes más influyentes de Estados Unidos.

Junto con sus padres, creó la TransKids Purple Rainbow Foundation para ayudar a niños y niñas como ella.

Ahed Tamimi, encarcelada a los 16 años

Nacida en Palestina en 2001, desde pequeña ha sido uno de los símbolos más visibles de las manifestaciones contra las ocupaciones israelíes en tierras palestinas. Hija de un activista, comenzó sus protestas con nueve años tras la confiscación de un manantial en el asentamiento de Halamish.

En 2011 su figura pasó a internacionalizarse cuando fue fotografiada enfrentándose a soldados israelíes. En 2012 de nuevo el foco internacional se posó sobre esta niña activista cuando mordió la mano de un soldado que se disponía a detener a su hermano.

En 2017, cuando tenía 16 años, fue detenida tras abofetear a un soldado israelí que se apostó en el patio de su vivienda familiar, hecho retransmitido en directo por su madre a través de redes sociales. Aministía Internacional lideró el acopio de firmas para pedir su liberación: “la agresión de una adolescente desarmada a dos soldados armados y con equipamiento de protección muestra que Ahed Tamimi no suponía ninguna amenaza real y que su castigo es claramente desproporcionado”, señalaban. Tras un acuerdo con la fiscalía fue condenada a ocho meses de prisión. Suponía, sin duda, una violación de la Convención de los Derechos del Niño, de la que Ahed ya era víctima.

No son las únicas ni tampoco serán las últimas. Si algo demuestra la educación igualitaria es la capacidad de niñas y mujeres para empoderarse y reclamar sus derechos.