Un encuentro con la lactosa: No todos somos intolerantes

¿Eres intolerante a la lactosa o conoces a alguien con este padecimiento? En México, se estima que aproximadamente el 50% de la población adulta padece síntomas relacionados a la ingesta de productos lácteos y de este porcentaje, tres cuartas partes han sido diagnosticadas con intolerancia a la lactosa.

En los últimos años ha aumentado el temor a consumir productos lácteos, sobre todo la leche, debido a la falsa creencia de que todas las personas adultas son intolerantes a la lactosa, que es el azúcar principal de la leche. Por este motivo, algunos adultos sin patologías cambian su dieta por una que excluye esta sustancia pensando, que es más sano y digestivo.

Lo cierto es que eliminar los lácteos de la alimentación influye negativamente en la salud. Especialistas alertan que las modas de dietas que excluyen algún alimento realizadas sin ninguna clase de control no evitan enfermedades y, en ocasiones, pueden causar más perjuicios que beneficios cuando no se sustentan en criterios clínicos.

¿Qué es la lactosa?

Se encuentra de forma natural en la leche, de hecho, es su principal azúcar. En concreto, la lactosa es un disacárido, lo que significa que está compuesto por dos azúcares simples, la glucosa y la galactosa.

Para que el organismo la digiera necesita una enzima llamada lactasa, cuya función consiste en desdoblar los dos azúcares que forman la lactosa para facilitar su absorción en el intestino. Precisamente, la intolerancia a la lactosa surge por un déficit de este enzima. Cuando esto ocurre, la lactosa permanece en la luz intestinal donde la flora bacteriana provoca su fermentación. A consecuencia de ello, aparecen los síntomas de la intolerancia a la lactosa

  • Dolor en el abdomen
  • Inflamación o hinchazón
  • Gases
  • Diarrea

¿Todos los adultos son intolerantes a la lactosa?

Se trata de un mito que incita a evitar el consumo de la leche con lactosa, aunque no haya razones para ello. En su lugar se escogen productos no lácteos, como la soja, la avena y otras bebidas vegetales, con la sensación equivocada de que son más digeribles.

Es evidente que, entre los mamíferos, solamente el ser humano sigue bebiendo la leche durante la etapa adulta debido a que puede extraerla de otros animales. Precisamente, esto ha provocado la adaptación evolutiva que permite al intestino seguir produciendo lactasa y asimilar la lactosa de la leche.

Cabe añadir que existen casos extraordinarios en los que no se tolera la ingesta de lactosa, por ejemplo, en menores que nacen con un déficit congénito de lactasa y en determinadas personas que, con los años, pueden perder la función enzimática que favorece la digestión de la leche, padeciendo molestias digestivas cuando la beben. Pero, es importante destacar que no es algo generalizado en toda la población.

Dieta sin lácteos, ¿sí o no?

Librarse por completo de los lácteos no aporta una ventaja adicional en la salud. Lo que sí que puede ocurrir es que una persona que toleraba bien la lactosa desarrolle intolerancia.

La producción de lactasa en el intestino depende de la ingesta continuada de lactosa y se adapta a ello. Por lo tanto, si se elimina totalmente la lactosa de la dieta durante un periodo prolongado de tiempo, el intestino entiende que no hay nada que digerir y deja de producir lactasa.

En el caso de los niños, es frecuente que se trate de una intolerancia transitoria; desde el momento en que se vuelve a introducir la lactosa, el intestino vuelve a sintetizar el enzima, y en un tiempo variable vuelven a ser tolerantes.

Asimismo, una dieta sin lactosa puede afectar a la absorción del calcio en el intestino, ya que tiene un papel vital en ello. Y esto puede ser más grave en edades pediátricas, pues la eliminación de la lactosa en niños sanos sin ningún criterio médico puede afectar a la fijación del calcio en sus huesos y a un déficit en el crecimiento.