En la era digital actual, la tecnología no solo es una herramienta para el entretenimiento y la comunicación, sino una necesidad fundamental para el bienestar y la participación social.
Para las personas adultas mayores, la inclusión digital representa mucho más que simplemente aprender a usar un teléfono inteligente o una computadora, es una puerta a la conexión con familiares y amigos, a la gestión de la salud y a la participación en actividades que enriquecen la vida cotidiana.
Derecho a la información
De esta manera, además, se ejerce su derecho al acceso de información, señalado en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en el Artículo 6°, la cual establece que “toda persona tiene derecho al libre acceso a información plural y oportuna, así como a buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole por cualquier medio de expresión”.
Mantener la conexión
La inclusión digital ofrece a las personas adultas mayores la oportunidad de mantenerse conectados con sus seres queridos, especialmente en tiempos de distanciamiento físico. Las videollamadas y las redes sociales permiten que compartan momentos importantes y mantengan relaciones significativas, independientemente de la distancia geográfica.
Profundización de la brecha
El crecimiento exponencial en el uso de nuevas plataformas tecnológicas y cibernéticas ha venido a profundizar la brecha digital y las desigualdades entre las personas mayores que no han tenido acceso a las herramientas de última generación.
Salto cuántico
La pandemia revolucionó el uso del internet y de los dispositivos digitales con el desarrollo de plataformas para todo tipo de actividades: trámites bancarios, pago de servicios, compra de despensa y alimentos, y hasta el acceso a las vacunas que exigían un registro vía internet. Algunos especialistas consideran que el mundo avanzó en dos años lo que se pensaba iba a suceder en 30 años con la tecnología.
A los problemas educativos y económicos, se suma ahora el de la accesibilidad a las nuevas tecnologías. La gran mayoría de las personas adultas mayores han podido sobrevivir gracias a la solidaridad de los hijos, hijas, nietos o los vecinos, que apoyan en la realización de trámites que ahora requieren conexión digital, pero nunca se ha planteado una estrategia integral para atender las necesidades de este grupo de la población que ha quedado a la deriva.
Mayores desventajas
Se estima que en México hay alrededor de 7 millones de personas mayores de 60 años que representan 12.8 por ciento de la población total, siendo el grupo de edad que menos usa internet, con apenas 10.4 por ciento de los usuarios totales de dicha herramienta, según datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares.
Migración digital
Empresas y gobierno han realizado la migración digital de trámites y servicios, sin considerar la vulnerabilidad de las personas adultas mayores, suponiendo que todas tendrían acceso inmediato a las plataformas digitales o que siempre contarían con el apoyo de gente solidaria a su alrededor.
Especialistas consideran que hizo falta pensar en las personas que viven solas y no se planteó alguna estrategia para apoyarlos en la realización de trámites elementales y cotidianos, como depósitos y retiros bancarios, pagos de servicios o la inscripción a programas sociales.
Señalan que las nuevas tecnologías y las plataformas están pensadas y diseñadas desde una perspectiva adultocéntrica.
Los jóvenes adultos ven al mundo y su desarrollo desde una posición de privilegio, mientras que los demás grupos de edad deben adaptarse a su visión y a sus propuestas tecnológicas; los niños y adolescentes se adaptan más fácilmente a la visión de los adultos, pero las personas mayores están en una clara situación de desventaja.
Los cambios digitales no están pensados gerontológicamente y todo está quedando en la solidaridad de familias y vecinos, sin considerar el derecho de las personas mayores a la alfabetización digital y al acceso a las nuevas tecnologías.

