El aumento de las temperaturas arriesga el cultivo de cereales

Estudios recientes subrayan los importantes riesgos que el cambio climático supone para el rendimiento de cereales básicos como el trigo, el maíz, el arroz y la soja. El aumento de las temperaturas, la alteración de los patrones de lluvia y el incremento de los fenómenos meteorológicos extremos ya están afectando el rendimiento de los cultivos en diversas regiones. Estos cambios no son uniformes y su impacto en los distintos cultivos varía según la especie, la ubicación y las prácticas agrícolas.

Temperatura y rendimiento de los cultivos

El aumento de las temperaturas globales tiene repercusiones de gran alcance en el rendimiento de los cereales. Investigaciones del IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático) indican que el rendimiento mundial del trigo podría disminuir entre 6 % y 10 % por cada grado Celsius de aumento de la temperatura global. Estas proyecciones ya se están haciendo realidad en las principales regiones productoras. La cosecha de trigo de Australia en 2024 se redujo 22 % debido a la sequía prolongada, mientras que las olas de calor sin precedentes en Rusia disminuyeron tanto el rendimiento como el contenido de proteínas del trigo.

La producción de maíz enfrenta desafíos similares. Estudios de la Universidad de Illinois demuestran que por cada día que las temperaturas superan los 30 °C durante la temporada de cultivo, el rendimiento del maíz disminuye 1 por ciento. Este efecto fue claramente visible en la cosecha de maíz safrinha de Brasil de 2024/25, donde los patrones erráticos de lluvia retrasaron la siembra y, en última instancia, redujeron la producción en 15 por ciento. La situación es particularmente preocupante dado el papel fundamental del maíz tanto en la nutrición humana como en la alimentación animal.

Un estudio publicado en Nature Food destaca que más de la mitad de las tierras de cultivo del mundo podrían sufrir una disminución en su aptitud para los cultivos bajo un escenario de calentamiento de 2 °C. Este cambio amenaza la diversidad de cultivos, particularmente en las regiones de baja latitud, donde muchos países en desarrollo dependen de condiciones agrícolas estables. La necesidad de estrategias de adaptación específicas es fundamental para mitigar estos efectos.

Un estudio de la NASA de 2021 también predijo que, en un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero, el rendimiento del maíz podría disminuir 24 % para 2030, mientras que el del trigo podría aumentar 17 por ciento. Sin embargo, este aumento en la producción de trigo conlleva una contrapartida: los niveles más altos de CO2 potencian la fotosíntesis, pero también reducen la calidad nutricional de los cultivos, disminuyendo su contenido de proteínas y micronutrientes.

Un estudio de 2024 publicado en PLOS One ofrece una perspectiva más matizada, proyectando los rendimientos de cereales básicos como el arroz, el trigo, el maíz y la soja hasta 2030. Según este estudio, los rendimientos del arroz podrían aumentar un 50.6%, los del trigo, 38%, mientras que se prevé que los del maíz disminuyan 14.7 por ciento. Estos hallazgos ponen de manifiesto los efectos complejos y variados del cambio climático: si bien el calentamiento global perjudica la producción de maíz, el arroz, el trigo y la soja se verán afectados de forma diferente en función de los cambios de temperatura y precipitación desde 1961.

Fenómenos meteorológicos extremos perturban la agricultura

Los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes y severos, lo que complica aún más la producción de cereales. Por ejemplo, en abril de 2025, una devastadora granizada azotó la región rusa de Stavropol, una de las mayores zonas productoras de trigo del país, causando importantes pérdidas en las cosechas. Estos sucesos ponen de manifiesto la vulnerabilidad de la producción de cereales ante las perturbaciones climáticas repentinas.

Impactos regionales: ganadores y perdedores

Los efectos del cambio climático en la producción de cereales no son uniformes: algunas regiones experimentan beneficios, mientras que otras se ven perjudicadas. En el noreste de China, una importante región productora de cereales, el aumento de las temperaturas representa una amenaza creciente. Un estudio de 2024 publicado en Earth’s Future reveló que esta región, responsable del 33 % de la producción de maíz de China, se está calentando más rápido que el promedio mundial. Si bien las temperaturas más cálidas han prolongado las temporadas de cultivo y reducido los daños por frío, futuros aumentos que superen un umbral crítico podrían reducir drásticamente los rendimientos del maíz. El ajuste de las fechas de siembra ha resultado prometedor para el arroz y la soja, pero es posible que el maíz no se beneficie tanto.

En el Medio Oeste de Estados Unidos, una de las principales zonas productoras de cereales del mundo, el cambio climático ya está afectando el rendimiento de los cultivos. Un informe de 2022 del Fondo para la Defensa del Medio Ambiente (EDF) proyectó que para 2030, el rendimiento del maíz en Iowa podría disminuir en más del 5%, y en algunas zonas la caída superaría el 10 por ciento. De manera similar, el rendimiento de la soja en Minnesota y del trigo de invierno en Kansas podría disminuir debido al calor extremo, los cambios en las precipitaciones y las sequías más frecuentes.

Sin embargo, algunas regiones podrían experimentar beneficios temporales. El norte de Europa, partes de Canadá y ciertas zonas de Rusia podrían ver un aumento en la producción de trigo a medida que las temperaturas más cálidas prolongan las temporadas de cultivo. Un estudio de 2023 publicado en Climate and Atmospheric Science advirtió, no obstante, que la ocurrencia simultánea de fenómenos meteorológicos extremos en importantes regiones productoras de trigo, como el medio oeste de Estados Unidos y el noreste de China, podría interrumpir el suministro mundial, provocando un aumento drástico de los precios. China y Estados Unidos producen conjuntamente entre el 23 % y el 24 % del trigo mundial, lo que convierte estas interrupciones en una preocupación global.

En el sur de Asia, el sistema de cultivo de arroz y trigo que alimenta a la mitad de la población se encuentra gravemente amenazado. Un estudio de 2022 publicado en Frontiers in Sustainable Food Systems reveló que el estrés térmico, la sequía y las inundaciones han reducido los rendimientos del arroz, y que las altas temperaturas durante la etapa de llenado del grano disminuyen su peso hasta en 20 por ciento. El trigo enfrenta desafíos similares, ya que el aumento de las temperaturas reduce el contenido de proteínas y los rendimientos generales.

Implicaciones nutricionales y económicas

Los impactos del cambio climático no se limitan a los rendimientos agrícolas; la calidad nutricional de los cereales también está en riesgo. Si bien los niveles elevados de CO2 aumentan el rendimiento de algunos cultivos, pueden reducir el contenido de proteínas y micronutrientes de cereales como el trigo y el arroz. Esto resulta especialmente preocupante en regiones donde estos cereales constituyen la base de la dieta, lo que podría agravar la desnutrición en poblaciones vulnerables.

En términos económicos, las consecuencias son graves. El cambio climático amenaza con debilitar la posición de Estados Unidos como principal exportador de cereales. Un informe de 2023 del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) advirtió que las interrupciones en la producción de cereales podrían disparar los precios mundiales de los alimentos, como se observó durante el conflicto entre Rusia y Ucrania, cuando los precios de los cereales aumentaron un 24.1% en cuatro meses. Las tensiones comerciales actuales, como los aranceles impuestos por China a los productos agrícolas estadounidenses, complican aún más la situación, y los aranceles de represalia ya afectan a exportaciones estadounidenses por valor de 21,000 millones de dólares.

Estrategias de adaptación y mitigación

Para afrontar los retos que plantea el cambio climático se requiere un enfoque multifacético. Las perspectivas agrícolas de la Unión Europea para el periodo 2024-2035 hacen hincapié en la resiliencia, la sostenibilidad y la innovación. Entre las estrategias se incluyen el desarrollo de variedades de cultivos resistentes al clima, la implementación de prácticas agrícolas sostenibles y la inversión en tecnologías agrícolas.

Los agricultores del medio oeste estadounidense están explorando soluciones tanto graduales como transformadoras. Estas incluyen la adopción de variedades de cultivos más resistentes y la diversificación de las rotaciones de cultivos. En China, un estudio de 2023 publicado en PNAS Nexus demostró que mejorar la eficiencia del riego podría aumentar la producción de cereales en más del 6 %, con ganancias potenciales de hasta el 20 % en algunas regiones. La modernización de la infraestructura, como los sistemas de riego, será clave para mitigar los riesgos climáticos.

A nivel mundial, la adopción de prácticas agrícolas climáticamente inteligentes es fundamental. La EPA de EE. UU. recomienda utilizar herramientas de pronóstico climático, sembrar cultivos de cobertura y reducir la escorrentía para gestionar las amenazas a la producción.

Los avances genéticos ofrecen nuevas esperanzas. El Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT) ha desarrollado variedades de trigo resistentes al calor que muestran rendimientos un 8 % superiores a 40 °C en ensayos realizados en Pakistán. Científicos chinos, utilizando la tecnología de edición genética CRISPR, han logrado reducir las emisiones de metano de los arrozales en un 40 % sin disminuir el rendimiento. Estas innovaciones son cruciales, pero su adopción generalizada se enfrenta a desafíos como obstáculos regulatorios, la capacitación de los agricultores y los costos iniciales.

El camino a seguir

El impacto del cambio climático en la producción de cereales es un desafío complejo y urgente. Si bien algunas regiones podrían experimentar beneficios temporales, la tendencia general apunta a una disminución en los rendimientos de cultivos esenciales como el maíz, con riesgos nutricionales y económicos que podrían desestabilizar la seguridad alimentaria mundial. Sin una adaptación significativa, las regiones vulnerables se verán afectadas de manera desproporcionada.

Para garantizar el futuro de la producción de cereales y la seguridad alimentaria, la cooperación mundial, la inversión en agricultura climáticamente inteligente y la modernización de la infraestructura agrícola son esenciales. Dado que el trigo, el arroz y el maíz proporcionan casi el 50 % de las calorías mundiales, asegurar su producción estable es fundamental para el bienestar humano. Si bien los riesgos son significativos, la acción proactiva puede fortalecer la resiliencia y garantizar que las futuras generaciones tengan acceso a los cereales de los que dependen.