El mundial de 1978: El ejército argentino al pie de la portería

“Los que creen que el deporte no tiene nada que ver con la política o no saben nada de deporte o no saben de política”, de acuerdo con Gerardo Caetano, exfutbolista y destacado historiador uruguayo.

El mundial de futbol de 1978 fue un escenario de disputa política y comunicacional. Para la dictadura militar significaba la posibilidad de limpiar la imagen del país de las denuncias a la violación de los derechos humanos; para las organizaciones políticas perseguidas y reprimidas la oportunidad de difundir internacionalmente esas denuncias.

La Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Buenos Aires (DIPPBA), como parte de la comunidad informativa, desplegó una estrategia de vigilancia previa al mundial y durante el desarrollo de la copa. Espionaje tanto en el ámbito nacional como en el extranjero.

Fue un Mundial, de acuerdo con información de la Comisión Provincial por la Memoria, surcado por tensiones y con diferentes dimensiones de espionaje de la DIPPBA.

El mundial del 78 y la “campaña anti Argentina”

Para el gobierno militar la copa de futbol era una ocasión para mostrar fuera de las fronteras la imagen de un país unido, trabajador y fervoroso, además de exaltar el sentimiento popular.

La Comisión Provincial para la Memoria señala que para distintos actores y observadores políticos locales e internacionales fue una oportunidad para enfrentar a la dictadura, denunciar sus crímenes y difundir una imagen crítica sobre la situación en el país y sobre el clima social durante el campeonato.

El triunfo del seleccionado de Argentina, aseguran, no detuvo ni deslegitimó las denuncias por los delitos de lesa humanidad perpetrados por el régimen dictatorial.

Jugadores como Johan Cruyff y Paul Breitner se negaron a participar y el arquero sueco Ronnie Hellström confesó que, durante su participación mundialista, acompañó a las Madres de Plaza de Mayo “porque era una obligación que tenía con mi conciencia”.

La dictadura se encargó de denunciar estas críticas como parte de una “campaña anti Argentina” o el  “Boicot contra el Mundial”.

Antes y durante el mundial de futbol, la DIPPBA señaló y reunió información sobre posibles intentos de sabotear el mundial, durante la ejecución de las obras de infraestructura, en los momentos previos a su desarrollo y de cara a sus instancias definitorias.

Los documentos de la DIPPBA demuestran el control que los servicios de inteligencia guardaron sobre la realización del Mundial: en un amplio y exhaustivo informe la DIPPBA analizaba la posición de Montoneros en relación con el Mundial y advertía: “Es demasiado notoria la preponderancia que la BDS (Banda de Delincuentes Subversivos) le da para la continuación de su política”.

En un informe del 21 de febrero de 1978, con el tema “accionar de la BDS Montoneros con relación al EAM 78”, anuncia: “Surge necesariamente la puntualización de medidas que consideren desde los pormenores hasta las contramedidas que neutralicen sus propósitos de enlodar y entorpecer el mundial. En tal sentido se considera imperativo anticipar la maniobra prevista, denunciada sobre la base de su origen, ideología y propósitos que persiguen”.

Esta información había sido recogida “como consecuencia de operaciones llevadas a cabo en la República Oriental del Uruguay, que dieron como resultado la detención de [miembro de Montoneros] y en base al análisis de documentación secuestrada”.

Antes y durante el mundial, la DIPPBA reunió información sobre el contacto de los exiliados con la prensa internacional para denunciar una “feroz dictadura militar que hambrea y reprime al pueblo”.

Todos los elementos de sospecha sobre el supuesto boicot al mundial se presentan en un legajo para poner en conocimiento del “Director de Informaciones de la Policía de BS. AS.”, bajo el título “Instrumentación de una campaña de acción psicológica tendiente a obstaculizar el campeonato mundial de futbol 1978”.

Según el informe, al saber que “Delincuentes Subversivos (importantes miembros de la BDSM “Montoneros”) mantuvieron entrevistas en Suecia con dirigentes de organismos internacionales afectados  a la ‘Defensa de los Derechos Humanos’”, se definen los objetivos “que persiguen grupos extremistas argentinos afincados en el exterior: a) Intención de incidir e influenciar a representantes de Gobiernos Extranjeros, un tanto afines a la ideología que profesan los grupos de Delincuentes Subversivos argentinos, en el sentido de disponer la no participación en el torneo de referencia; b) Intención de generar en Argentina durante los meses previos a la iniciación del Certamen Mundial, acciones que alteren el orden público, con la finalidad deliberada de provocar la intervención de las Fuerzas Legales y capitalizar psicológicamente eventuales actitudes represivas; c) Intención de ejercitar eventualmente algún secuestro y/o atentado físico  directo contra algún miembro diplomático extranjero acreditado en el país, y d) Intención de difundir en distintos estadios de futbol de países del exterior, libelos incitando a los espectadores a no viajar a la Argentina en oportunidad del Certamen Mundial, esgrimiendo causales  orientadas a crear una falsa imagen sobre la situación político-social-económica de Argentina y la falta de garantías individuales”.

La preocupación por la campaña de denuncia generó estrategias de previsión especiales sobre la prensa internacional, tal como lo demuestra un informe elevado por la delegación de Capital Federal, fechado el 3 de mayo de 1978.

En el informe se advierte que “casi la totalidad de los periodistas desarrollarán sus tareas como atentos observadores de la situación interna que vive el país en relación a los derechos humanos” y agrega: “Cabe acotar lo siguiente: en especial, se trataría de periodistas franceses y austríacos, sin descartarse los de otra nacionalidad; vienen con la consigna primaria de seguir atentamente todas las actividades de cuanto personal uniformado encuentren en la calle; por cada nota, por insignificante que sea, en las que se hagan referencias a un ‘abuso de autoridad’ y que sea registrada gráficamente, a cada periodista le reportaría la suma del orden de los US$ 3,000 a 5,000”.

Drogas y saboteadores

De la información elaborada en el marco del Mundial, quedan documentos de inteligencia que dan cuenta de investigaciones o reportes que no sólo no se cumplieron sino que, mirados a la distancia, resultan casi alucinantes.

Por ejemplo, se anuncia la preocupación por el aumento del tráfico y consumo de droga como consecuencia de la llegada al país de personalidades “generalmente consumidores” y “distribuidores”, en el legajo del 17 de abril de 1978, es decir, 40 días antes del comienzo del Mundial.

En la misma hoja se advierte que el tráfico de estupefacientes podría operar distintos problemas como “Distorsión en el plano social y deterioro de la imagen del país en el exterior, su utilización por elementos subversivos como factor disociador y atraería la atención de distintos inversionistas internacionales relacionados con el tráfico de alcaloides”.

Los agentes de inteligencia también manifestaron su preocupación por el arribo de saboteadores extranjeros, por el rumor de un posible atentado durante la final de la Copa del Mundo.

El parte 1038 decía: “Fecha reciente tomóse conocimiento vía terrestre (paso internacional  Las Cuevas – Mendoza) y aéreo (Aeropuerto internacional El Plumerillo – Mendoza), sería inminente ingreso provenientes de Chile y particularmente destino Mendoza,  grupos DS serían cubanos, japoneses y árabes, quienes en su mayoría vendrían munidos pasaportes otorgados en Chile, con finalidad de desarrollar actividades para sabotear Mundial 78, desconociéndose ‘modus operandi’” [SIC].

El informe circuló entre los distintos organismos de seguridad que conformaban la comunidad informativa (SIDE, Batallón 601, SIN, SIPNA, SIA) durante las semanas previas a la ceremonia de inauguración y, a pesar de lo extraño que parece, tenía una alta valoración como información con origen en propios medios y normalmente confiable y muy probable.

No hubo en el país actividades de sabotaje, existieron unos pocos y aislados atentados durante la realización del mundial; el apoyo popular, el control militar y la decisión de Montoneros de que “la única actividad a efectuar durante el desarrollo del Mundial sería la de entregar propaganda” explican el registro de escasos incidentes.

No obstante, dos días antes de la final, se elaboró la hipótesis de un posible atentado en el estadio Monumental, basado en un rumor transmitido por el cabo Rotondo que se registra en la delegación Capital Federal del organismo y afirma: “Por comentarios de un familiar del delincuente subversivo, que se halla actualmente en Italia, que en el partido a disputarse el día domingo en el estado de River, se realizaría un atentado terrorista”. El legajo se cierra sin continuidad ni tramitación alguna. La selección argentina se impuso en aquella final por 3 a 1 al equipo holandés.

El mundial dejó un gasto de 700 millones de dólares envueltos en rumores de corrupción y generó disputas hacia el interior del régimen marcadas por la oposición de Alfredo Martínez de Hoz, para quien el mundial significaba un gasto extraordinario e innecesario.

Durante 25 días, la dictadura militar celebró una popularidad fugaz. Tras la conquista del 78, la dictadura supuso que el triunfo deportivo le daría gloria eterna. Videla, que se creyó dueño de la pelota y en ese entonces recibía elogios de la prensa, murió en 2013 cumpliendo su condena de prisión perpetua y Argentina volvió a coronarse en México 86, cuando algunos confundieron la Mano de Dios de Diego Maradona contra Inglaterra con casi una revancha de la Guerra de Malvinas.

De acuerdo con investigaciones periodísticas, quedó establecido que los gastos económicos del Mundial 78 casi cuadruplicaban a los de la Copa de España 82; así, la copa supuso la multiplicación de la deuda argentina, el desbaratamiento del aparato productivo, al tiempo que la persecución y represión nunca se detuvieron, con una lista de 50 personas desaparecidas solo en el mes del mundial, con los nombres de Rubén Alfredo Martínez y Celestino Omar Baztarrica a la cabeza de los cincuenta desaparecidos, entre quienes se encuentran nueve mujeres embarazadas, cuyos hijos aún son buscados y se incluyen en los treinta mil desaparecidos que reclaman históricamente los organismos de derechos humanos.