En los años 80, el grupo The Buggles hizo famosa la canción “El video mató a la estrella de la radio” y ante la proliferación de plataformas de streaming, surge la pregunta que parafrasea al éxito de antaño: ¿el streaming mató a la estrella de cine? La respuesta corta es no. El streaming no mató a la estrella de cine, pero forzó una transformación radical en su modelo de negocio. En lugar de sustituir las salas de cine, los estudios han adoptado un modelo híbrido: las plataformas de streaming son ahora los nuevos estudios, mientras que los cines fungen como el escenario principal de marketing y eventos.
Las cifras del negocio
Ingresos de streaming
El sector alcanza cifras sin precedentes. Solo en Estados Unidos, los ingresos por suscripciones de video bajo demanda (SVOD) generan alrededor de 157 mil millones de dólares anuales, impulsados también por la expansión de modelos con publicidad (AVOD).
Taquilla vs. Streaming
Aunque la asistencia a las salas ha disminuido aproximadamente un 20% respecto a los niveles prepandemia, el negocio del cine se ha estabilizado en unos 9 mil millones de dólares anuales en el mercado estadounidense.
El ecosistema
Los estudios están priorizando películas con ventanas de exclusividad cinematográfica de 26 a 45 días, lo que maximiza tanto la recaudación en taquilla como la audiencia digital cuando la cinta llega a las plataformas.
El nuevo valor de la estrella
Menos películas, mayor valor
Los estudios han reducido el número de producciones de alto presupuesto para concentrarse en franquicias sólidas. Las estrellas actuales basan su éxito no solo en la venta de boletos, sino en su capacidad para atraer espectadores en el entorno digital.
El poder de los datos
Las plataformas ahora utilizan métricas exactas y algoritmos para medir el consumo de las audiencias, lo que ha sustituido parcialmente la intuición tradicional de Hollywood.
La industria se dirige a un equilibrio donde el cine aporta el prestigio social, y el streaming garantiza el volumen de ingresos y la rentabilidad a largo plazo.
No, el streaming no va a matar el cine, pero lo forzará a redefinirse.
El cambio en los hábitos de consumo no solo es perceptible por la inclinación hacia lo digital, sino también en las métricas de la industria, que comienzan a reflejar una redistribución del gasto hacia el entorno digital.
En el Anuario Estadístico de Cine 2025, el Instituto Mexicano de Cinematografía (IMCINE) reconoció la competencia que ya significan las plataformas de video bajo demanda para las salas de proyección, al incorporar por primera vez a las streaming dentro del gasto de consumo de películas y series.
El dato más reciente reveló que en 2024, las plataformas digitales obtuvieron ingresos por 56,163 millones de pesos, provenientes de hogares mexicanos que disfrutan de múltiples contenidos. La cifra significó que las streaming captaron 18,788 millones de pesos más respecto a las salas de cine que percibieron 37,375 millones de pesos. Esto a pesar de que la facturación de las salas implicó un incremento de 4.8% de manera interanual.
Especialistas de la industria de streaming explican que la diferencia de ingresos entre el cine y las plataformas se deben mayormente a la forma en que ahora se distribuye la proyección de las películas.
Las salas de cine dependen en gran medida de las decisiones de los estudios cinematográficos. Varios de los principales jugadores, como Warner Bros. Discovery, han incursionado en el negocio del streaming y hoy determinan qué producciones llegan a la pantalla grande y cuáles se estrenan directamente en plataformas digitales.
Por ejemplo, el director de cine, Guillermo del Toro logró que su película Frankenstein, producida por Netflix, tuviera un estreno limitado en salas de cine con una ventana de 21 días antes de su llegada a la plataforma, como resultado de negociaciones orientadas a preservar una exhibición tradicional. La intención inicial de la plataforma era estrenar la cinta directamente en streaming.
El tiempo de exhibición es el otro factor. Antes de la pandemia, la industria contaba con una ventana de proyección en cines de aproximadamente 90 días pero la temporalidad se acortó a la mitad. El estándar actual se sitúa mayoritariamente en 45 días.
Por ejemplo, con la fusión de Warner Bros, el director ejecutivo de Paramount Skydance, David Ellison, aseguró que mantendrá una ventana de exhibición de 45 días para sus películas antes de ir al streaming. Sin embargo, se busca transitar hacia periodos más largos para maximizar los ingresos en taquilla antes del salto al streaming.
Acortar la ventana de exhibición en salas incentiva a que los usuarios opten por esperar el estreno en plataformas de streaming, especialmente cuando se trata de títulos taquilleros, con el fin de evitar gastos adicionales.
Costo para ir al cine
El costo de ir al cine es otro de los motivos por los que las salas cinematográficas no logran retomar sus márgenes de taquilla y en su lugar ayuda a posicionar a las plataformas de streaming como principal medio de entretenimiento audiovisual.
El precio de los boletos pasó de costar 57 pesos en 2020 a 64.50 pesos en promedio en 2024, implicando un incremento de 13.1%. A esta cuota se suma el gasto de alimentos y bebidas que también han sufrido incrementos. Un consumidor termina pagando más de 400 pesos por una salida al cine.
Mientras que una plataforma de video implica un precio en promedio de174 peos, según datos del Anuario estadístico. La suscripción también permite mirar una vasta variedad de series y películas e estrenos cinematográficos. Esto provoca que los usuarios opten por esperar un tiempo para mirar un estreno en plataforma para evitar gastos.
Desde la pandemia, el gasto se ha colocado dentro de los mexicanos como el principal motivo para acceder o prescindir de un producto debido a que la inflación ha mostrado un comportamiento desacelerado.
En un entorno marcado por la inflación, este factor podría influir en la decisión de los usuarios tanto para acudir a las salas de cine, pero también para contratar o mantener servicios de streaming, ante el incremento generalizado de precios.
El cine enfrenta una redefinición de sus reglas, en la que la supervivencia dependerá de su capacidad para mantenerse relevante frente a una audiencia que ya no consume contenidos de una sola forma.

