En Iberoamérica persisten brechas significativas de género en la ciencia, la tecnología, la innovación y la digitalización (CTID) que limitan las posibilidades de desarrollo y participación plena de las mujeres en estos ámbitos.
Los datos muestran que estas desigualdades se expresan de manera clara en distintos niveles: desde la formación y la participación, hasta los resultados concretos de la actividad en CTID.
En términos educativos, la brecha de formación en disciplinas STEM (por su acrónimo en inglés de Science, Technology, Engineering and Mathematics) alcanza un promedio de 20 puntos porcentuales en la región, con una tasa de graduación del 30% para los hombres frente a apenas un 10% para las mujeres. Esta diferencia es aún mayor al considerar algunas disciplinas de forma individual: las mujeres representan el 60% del total de personas graduadas en Iberoamérica, pero solo el 20% en las disciplinas vinculadas a tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y un 33% en las ingenierías (ONU Mujeres, 2020; UNESCO/BID/OCDE, 2022).
En el campo de la investigación y el desarrollo (I+D), las brechas también son evidentes: las mujeres constituyen el 43% del personal, frente al 57 % de los hombres (Red Índices/RICYT). Esta participación relativamente más equilibrada se debe a que la mayoría trabaja en el sector 1 académico y gubernamental —predominantes en la región, mientras que su presencia se reduce al 28% en el sector privado y en áreas como ingeniería y tecnología.
En cuanto a los resultados, también se constata una brecha en la producción académica y tecnológica: entre 1900 y 2016, las mujeres publicaron en promedio entre un 10% y un 15% menos que los hombres. Si bien su presencia entre las personas inventoras ha aumentado en 8 puntos porcentuales en la última década, cabe advertir que sigue siendo baja: en 2024 representan apenas un 28% en promedio frente al 20% registrado en 2014 (Web of Science; OCDE; OMPI).
La transformación digital también reproduce desigualdades de género en el acceso y el uso. En muchos países de la región el acceso a Internet supera el 90%, sin embargo, en algunos países centroamericanos la cobertura no llega a alcanzar al 60% de la población (ITU, 2025). Además, el acceso se da en muchos casos mediante dispositivos móviles y no a través de ordenadores personales, cuyo uso es sensiblemente menor. Las brechas de uso muestran un patrón mixto: si bien el comercio electrónico presenta niveles similares entre hombres y mujeres, la participación en la banca en línea y en la formación digital revela brechas de género de hasta el 30 % en algunos países y, en algunos casos, incluso más (CEPAL, 2023; OCDE, 2024).
En términos de habilidades digitales, las diferencias son aún más marcadas. La proporción de mujeres con conocimiento de lenguaje de programación sigue siendo considerablemente menor que la de los hombres, lo cual limita su participación en sectores intensivos en tecnología.
En el sector de las telecomunicaciones, las mujeres representan entre un tercio y la mitad del personal empleado, aunque las estadísticas no reflejan si acceden a cargos de liderazgo ni en qué condiciones (ITU, 2025). Estas desigualdades no solo responden a factores estructurales y educativos, sino también a la escasa incorporación de la perspectiva de género en los marcos normativos y las políticas públicas de CTID.
Si bien algunos países han comenzado a legislar y a implementar planes específicos, en general predominan los enfoques enunciativos y la falta de acciones concretas. La mayoría de los marcos regulatorios se limita a incorporar la igualdad de género como un principio general, sin traducirlo en medidas operativas ni presupuestos diferenciados. En este contexto, adquiere aún mayor relevancia el marco de los compromisos internacionales asumidos por los países iberoamericanos en la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Concretamente, el ODS 52, que promueve la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas; el ODS 4, que enfatiza el acceso igualitario a todos los niveles de educación y formación técnica; el ODS 9, que establece la necesidad de fomentar la innovación y el desarrollo industrial inclusivo; y el ODS 8, que aboga por el empleo pleno y el trabajo decente para todas las personas.
Lograr la igualdad de género en el ámbito de la CTID no solo constituye una obligación ética y un derecho humano fundamental, sino también una palanca para el crecimiento económico y el desarrollo sostenible.
El Banco Mundial estima que el PIB mundial podría incrementarse en un 20% si se cerrara la brecha de género en el mercado laboral, cifra que asciende al 23% en las estimaciones del Fondo Monetario Internacional (World Bank, 2024; IMF, 2024; Badel y Goyal, 2024).
La evidencia confirma que la diversidad de género en los equipos de investigación e innovación contribuye a mejorar los resultados y la productividad en empresas y sectores (Hyun, 2023). Estudios recientes muestran que la presencia de mujeres en cargos ejecutivos —como propietarias, directoras generales o miembros de equipos de alta dirección— se asocia con una mayor orientación hacia actividades de I+D, con mayor apertura a nuevas ideas (Miller y Del Carmen Triana, 2009) y con estructuras organizativas más diversas que favorecen la colaboración y el intercambio de conocimiento, factores clave para el éxito innovador (Chen et al., 2018). Incorporar la perspectiva de género no solo es justo, sino que también mejora el rendimiento de los sistemas de innovación.
UN Mujeres ha confirmado, de acuerdo con el estudio Mujeres en ciencia, tecnología, innovación y digitalización en Iberoamérica. Análisis de brechas, marcos normativos y políticas públicas, que en Iberoamérica persisten brechas significativas de género en la CTID. Estas desigualdades se expresan en distintos niveles:
- Formación: aunque las mujeres constituyen la mayoría entre las personas graduadas universitarias, su participación disminuye notablemente en las disciplinas STEM, especialmente en ingeniería y TIC. Esta situación configura un patrón de segregación horizontal que limita el acceso femenino a los sectores más dinámicos y mejor remunerados de la economía.
- Participación: las mujeres representan el 43% del personal de investigación en Iberoamérica, con fuerte concentración en el sector académico y gubernamental, pero con baja presencia en el sector privado y en áreas tecnológicas estratégicas. Además, persisten obstáculos en la promoción hacia posiciones de liderazgo, lo que evidencia techos de cristal y suelos pegajosos.
- Resultados: las mujeres producen menos publicaciones científicas, reciben menos citas y están subrepresentadas en la titularidad de patentes, lo que repercute en su reconocimiento académico y en el acceso a recursos para investigación.
- Brecha digital: aunque la brecha de acceso a internet se ha reducido, subsisten diferencias en habilidades digitales avanzadas, participación en sectores tecnológicos y en el uso de servicios estratégicos (banca digital, formación online). Las tecnologías emergentes, en particular la inteligencia artificial, presentan riesgos de profundizar estas desigualdades si no se incorporan correctivos de género en su diseño y despliegue.

