Evolución de los reality shows: de Candid Camara a La Casa de los Famosos

El concepto de televisión de la vida real, telerrealidad o reality shows evoluciona rápidamente e integra algunas características de los documentales, de la ficción, de los concursos y el espectáculo.

Este género ha pasado de ser programas que recreaban acontecimientos, bromas a las personas en la calle, acciones de equipos de emergencia, grabaciones a personas durante determinado tiempo y vídeos amateurs, a incluir cámaras en todo momento: las 24 horas del día, los siete días de la semana, y “entrar” por así decirlo, en la vida de personas seleccionadas para concursar.

En el libro Comprendiendo la televisión de realidad, Su Holmes y Deborah Jermyn recuerdan que, sea cual sea su nombre, estos programan subrayan un pilar de su existencia: lo real, lo que es y lo que existe.

Es decir, los reality shows son programas televisivos protagonizados por personas que presentan hechos reales y espontáneos, con una narrativa propia y que pueden concursar o no por algún beneficio económico.

Los primeros reality shows

El concepto de reality show, como lo conocemos hoy, tiene sus raíces en programas estadounidenses como Candid camara (1948), en el cual las personas eran sorprendidas con bromas planeadas que obtenían reacciones naturales de las víctimas involuntarias.

En 1967, el programa alemán Aktenzeichen XY… se convirtió en el precedente de las series crime time, que recreaba crímenes sin resolver en un estudio de televisión y se le pedía a los televidentes que compartieran información, si tenían alguna.

En 1973, la PBS, de Estados Unidos, transmitió el documental televisivo An American Family, pionero en seguir el día a día de una familia: los Loud, californianos de clase media, mostraban su vida: la pareja Bill y Pat, y sus cinco hijos Lance, Kevin, Grant, Delilah y Michele exhibían los conflictos y momentos emotivos que contrastaban con la idea de familia ideal americana.

Este programa logró que más de diez millones de espectadores estuvieran al pendiente de cada uno de sus episodios, convirtiéndose en un parteaguas sociológico, pues ofrecía una ventana a los cambios en la sociedad estadounidense: la transformación de los roles familiares, la recesión de la economía de los 70 y las expectativas sociales.

El reality show en los años 90

Los programas de crime-time o de crímenes sin resolver, así como los de accidentes y emergencias o persecuciones como COPS (Estados Unidos, 1989, 28 temporadas), así como los talk shows como The Oprah Winfrey Show fueron los formatos que a finales de los 80 y principios de los 90, se repitieron en otros países y tenían cautivo a un público que quería más novedades.

Biosfera 2: el precursor de Big Brother

No sólo en el ámbito del entretenimiento se necesitaba ser innovador. En 1991, un grupo de ocho científicos formó parte de un experimento sin precedentes: se llamó Biosfera 2 y su objetivo era comprobar si un grupo de seres humanos podría recrear los distintos ecosistemas y, en caso de conquistar otros planetas, llevarse un “pedacito de planeta Tierra” a otros lugares.

A este experimento se le sumó la vigilancia constante, las 24 horas del día, los siete días de la semana. Los científicos estuvieron encerrados por dos años. A estas personas se les llamó los biosferinos.

El desierto de Arizona fue el lugar en el que John Polk Allen, ingeniero graduado de Harvard, diseñó y compró un espacio para desarrollar este ecosistema, al que también llamó “Jardín del Edén”, ya que la hipótesis era que al tener una biosfera artificial y los insumos necesarios, los seres humanos sobrevivirían; el lugar tenía cultivos, animales, peces…

El experimento no tuvo los resultados de la hipótesis. Intentaron generar su propio oxígeno con sus plantas, pero los cultivos se llenaron de plagas; los animales enfermaron y murieron por falta de comida; los científicos tuvieron que racionar lo poco que tenían la falta de oxígeno propició problemas en su salud física y mental, llevándolos a comportamientos extremos.

Biosfera 2 fue el ancestro de Big Brother 0.0 porque, si bien no se transmitía en televisión abierta, sí era monitoreado 24 horas al día y los medios de comunicación de entonces estaban al tanto e informaban lo que sucedía. Para la revista Times se trató del “truco publicitario de 150 millones de dólares”.

Big Brother cambia las reglas de la televisión

En 1949, George Orwell publicó la novela 1984, una obra distópica que cuenta una historia futurista en la que un gobierno totalitario tiene el control absoluto de sus ciudadanos, y se representa con una figura omnipresente llamada el Gran Hermano (Big Brother). Aunque nunca aparece físicamente, su imagen se representa por todas partes, recordando que él tiene poder absoluto sobre su conducta, su pensamiento y la información que recibe.

El productor de televisión holandés John de Mol tomó la idea de aislar a las personas y grabarlas bajo condiciones extremas, y combinarla con la idea del control de la novela, para crear uno de los reality shows más revolucionarios de la historia: Big Brother.

Con su empresa Endemol, que fundó junto con quien había sido su competidor, el productor Joop Van Den Ende, crearon otros realitys shows exitosos como La Voz, Fear Factor, y los derivados de Big Brother VIP y La Casa de los Famosos.

El primer Big Brother se llevó a cabo en 1999 en Holanda, y se realizaron castings exhaustivos para seleccionar a quienes entrarían a la casa.

Lo que buscaban los productores eran personalidades, edades y antecedentes diferentes, para crear una dinámica lo más interesante posible y garantizar el entretenimiento del público.

Entre más conflictos e interacciones se desarrollaran en la casa, mejor, porque la gente iba a verlo más. Por supuesto, iba a aumentar el rating y las ganancias de la televisora.

Los seleccionados tenían que pasar tres días en un hotel donde nada más les abrían la puerta para darles la comida y listo. Así los prepararon para el encierro que iban a vivir.

Reality show y competencia

Esto sentó la base de una fórmula que habría de replicarse una y otra vez, con variantes en sus formatos y concursos.

Básicamente, dentro de la casa, los participantes tienen que convivir y superar desafíos; muchas veces de los resultados de esos desafíos, depende el presupuesto para la comida. Como en Biosfera 2, la comida puede escasear y los participantes pueden terminar comiendo lo que tengan a mano o no comer.

Big Brother empezó siendo protagonizado por personas cualquiera, anónimas hasta entrar a la casa; cuando evolucionó, se sumaron personajes famosos, algunos del mundo del espectáculo, de la política o de otros ámbitos, dependiendo de cada país.

El programa se transmitía las 24 horas al día, los siete días de la semana, con cámaras y micrófonos por todos lados. Las acciones reales se desarrollaban delante de las cámaras y no había intervención de nadie de la producción y se creaba una narrativa similar a la de una serie.

Los participantes, de forma individual, nominaban a dos personas que consideraban que debían abandonar la casa; quienes reunieran más votos eran expulsados. El público participaba para salvar a sus preferidos y eliminar a quien le resultara antipatico.

El concepto incluía un “confesionario” en el que cada participante expresaba su sentir de la permanencia en la casa, los conflictos, las emociones… y todo era observado.

El último en permanecer en la casa se llevaba un premio, además del reconocimiento público, la fama y lo que saliera de eso. Era un negocio redondo.

La estrategia para ganar Big Brother

Estar en la casa de Big Brother requiere de una estrategia, ya que la dinámica genera tensiones y rivalidades. Pepe Herrera, quien ha ganado dos veces en España, es uno de los mejores estrategas.

Los 300 mil euros, como premio del Gran Hermano de España, fueron un incentivo para él. Una vez que avanzaron los castings, y que parecía que sí se iba a quedar, juntó a un grupo de cuatro expertos: un psicólogo, un guionista, un experto en marketing y su representante. Ellos estudiaron todos los Big Brothers para saber cuáles fueron las estrategias que usaron las personas que ganaron.

En palabras de Pepe, el Gran Hermano es un relato individual.

“Tienes que vender una historia. El guionista lo definió como el camino del héroe, que permea en la narrativa. En las dos primeras semanas, tienes que ser el protagonista de la historia de todos los demás. Interactuar con el resto de los participantes y que también crezcan sus historias”.

Esta fórmula puede ser replicada para todos los demás reality shows, tomando en cuenta las variantes de cada programa y juego.

Reality show games: Survivor, Jersey Shore y más

Tras el éxito de Big Brother en Holanda, el fenómeno se repitió globalmente, y las versiones de cada país no se hicieron esperar.

Y no sólo eso. La inmersión, por así decirlo, del público en el programa causó revuelo. Si Big Brother introdujo la fórmula multiplataforma para generar vínculos con la audiencia, la votación telefónica, la entrada de patrocinadores de productos diversos, la consecuencia fue que los reality show games se diversificaron.

Survivor, en Estados Unidos, consiste en sobrevivir a condiciones extremas en una isla; Jersey Shore, de MTV, jóvenes italoamericanos muestran su estilo de vida exagerado; en American Idol se integraron personajes del mundo de la música y gente anónima con talento con inquietud de sobresalir. Todos se sumaron a los reality shows: el espectáculo, la moda, incluso, la gastronomía con Hell’s Kitchen, Master Chef o El mejor repostero.

La fórmula de Big Brother evolucionó  y se transformó, por ejemplo, en La Casa de los Famosos.

El regreso de los reality shows y su impacto

Los reality shows se han adaptado al contexto social de cada país. Casos que fueron mediáticos hace 20 años se retoman, como la reunión de integrantes de RBD, las bioseries de artistas como Luis Miguel, la moda de los 2000 que ha regresado: esto ya lo habíamos vivido.

En la primera casa de Big Brother en México se armó un escándalo con una sociedad mexicana conservadora. Se hicieron movimientos de asociaciones religiosas y a favor de la familia que pedían la cancelación del programa porque exponía la intimidad de los participantes.

Además, el reality traspasó la llamada “cuarta pared”, y el público tenía el control de votar por su participante favorito, y en esos años, hasta las personas se endeudaban para emitir este voto telefónico. Fue un formato innovador en esa época.

La Casa de los Famosos México habla de sus espectadores

La Casa de los Famosos revela la fascinación por las celebridades y, con el auge de las redes sociales, por los influencers, así como la llamada contrieved reality TV o el entretenimiento que se basa en los conflictos interpersonales.

La figura del “famoso” es interesante, ya que en un contexto actual de la farándula mexicana, ser famoso no necesariamente denota logros profesionales o artísticos, sino la interacción o exposición mediática, ya que a menudo son personalidades de la televisión tradicional o influencers.

Este tipo de personajes son conocidos como “celebridad construida” pues es producto de la era digital y la fama efímera, basada en la cantidad de seguidores en redes sociales, más que en talento o en la carrera artística.

El conflicto entre los participantes del programa es espejo de las tensiones en la sociedad mexicana: las diferencias de clase, el machismo, los estereotipos de género y la competencia por el poder y la visibilidad.

El poder de las redes sociales

Uno de los aspectos más fascinantes de los reality shows contemporáneos, y particularmente de La Casa de los Famosos, es el rol activo de la audiencia, ya que el modelo de participación es en tiempo real.

A través de redes sociales y plataformas digitales, los seguidores interactúan con la producción, influyen en el destino de los participantes y generan miles de contenidos en torno al show.

Este fenómeno es particularmente visible en Twitter, Instagram y TikTok, donde los fans discuten sobre los acontecimientos del programa, crean memes y viralizan momentos clave.

La votación para eliminar participantes también se ha convertido en una herramienta poderosa que refuerza la sensación de que la audiencia tiene el control, lo que en última instancia mantiene su interés a lo largo de la duración del reality.

Desde el punto de vista de la comunicación, esta interacción en ambas direcciones representa un cambio radical en cómo los medios y el entretenimiento funcionan. La audiencia ya no es pasiva, sino que desempeña un papel fundamental en la cocreación de la narrativa del programa.

Este tipo de dinámica no solo asegura la lealtad de los espectadores, también convierte a los participantes en personajes cuya popularidad puede fluctuar dependiendo de cómo sean percibidos por el público.

Los reality shows y las reflexiones desde la teoría crítica

Una de las reflexiones más importantes a los reality shows proviene de la teoría crítica, particularmente del concepto de la sociedad del espectáculo, desarrollado por el filósofo y teórico Guy Debord en su obra de 1967.

Según Debord, vivimos en una sociedad que ha transformado la vida misma en una representación, un espectáculo. Este análisis se aplica directamente a los reality shows, donde la vida cotidiana de los participantes se convierte en un producto para el consumo del público.

En este contexto, los reality shows como La Casa de los Famosos representan un claro ejemplo de cómo el espectáculo se apodera de la realidad. Los participantes no sólo se representan a sí mismos, también cumplen roles dentro de una narrativa impuesta por la producción y las expectativas del público o de sus seguidores.

La vida se convierte en un escenario donde cada acción y palabra es cuidadosamente calculada para maximizar el impacto en los medios y el drama.

Desde el punto de vista sociológico, esto plantea importantes preguntas sobre la autenticidad: ¿cuánta realidad queda en los reality?, ¿qué impacto tiene en la percepción del público?

La teoría crítica sugiere que, a medida que la vida se transforma en espectáculo, la distinción entre lo real y lo representado se difumina (hiperrealidad) creando una cultura donde el consumo de la “realidad” es, simplemente, una forma más de entretenimiento.