Las mediciones de aprobación presidencial son utilizadas para conocer cómo los ciudadanos evalúan la gestión gubernamental del presidente en turno.
Detrás de cada dato de aprobación o desaprobación existen razones o argumentos que dan cuenta de la opinión que tienen los gobernados sobre sus gobernantes, algunas de estas se basarán en datos duros como economía o seguridad, en tanto que otras estarán sustentadas en la forma como son procesadas algunas decisiones de gobierno (programas, planes de acción, decisiones en asuntos controvertidos, imagen pública etc), por la identificación con los partidos políticos o incluso por cuestiones ideológicas.
Este indicador es cada vez más difícil de interpretar o entender, no obstante, es el único que permite hacer comparaciones en el tiempo y con otros países.
Un primer elemento que debemos señalar, es que las series en el tiempo iniciaron en el gobierno de Vicente Fox Quesada, en el 2002. Antes de este año había muy pocas mediciones de cómo los ciudadanos percibían a los mandatarios y eran aún menos las estadísticas de carácter público.
El hecho de que existan cada vez más datos sobre el tema es parte del proceso de democratización en México.
En las pocas mediciones que había, se observa que la aprobación a la gestión presidencial era alta y que se sustentaba en distintas variables: ciudadanos poco críticos que percibían la figura presidencial como inatacable, una opinión pública escasamente informada de las acciones o errores de gobierno, pocos organismos y empresas que recogieran estas opiniones y las dieran a conocer y medios de comunicación al servicio del gobierno en turno que no tenían interés en reportar estos datos. El escenario desde entonces ha cambiado.
Si observamos los datos de aprobación de Vicente Fox, oscilaron entre 37% y 66%, debido a que, según los ciudadanos, era “bien intencionado”, es decir, lejos de los resultados que pudo tener la administración en economía, combate a la corrupción u otras promesas de campaña, los ciudadanos valoraban más las intenciones del político.
En el caso de Felipe Calderón, su aprobación se mantuvo en un rango de 47% a 76%, aun cuando los ciudadanos empezaron a ser cada vez críticos sobre la situación de violencia que sufría el país, daban buenas calificaciones a la gestión en general, derivado seguramente de los niveles de estabilidad económica (se registró la inflación más baja de la historia y hubo una acumulación histórica de reservas internacionales).
Enrique Peña Nieto, inició su mandato con una aprobación de 55% y tuvo un repunte a lo largo de 2013, en noviembre y diciembre de ese mismo bajó a 53% y, de acuerdo con la última medición, se ubica en 44 %, un descenso de 10 puntos porcentuales.
En democracias consolidadas es común que los ciudadanos sean críticos con la forma como los funcionarios realizan su trabajo, la rendición de cuentas es una actividad que se vive a diario y las decisiones controvertidas tienen un impacto considerable en la aprobación o no que de las autoridades.
Por ejemplo, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tuvo fuertes cuestionamientos por la propuesta de reforma dirigida a los servicios de salud; la ley conocida como “Obamacare” que regula la industria de las aseguradoras, impactó a la opinión pública y ello se vio reflejado en los números reportados por la empresa Gallup y por el Instituto Pew Research Center, lo que llevó la aprobación a Obama a niveles de 41 por ciento.
Existen elementos que ayudan a entender estos porcentajes, uno de ellos es que históricamente en el segundo periodo, los presidentes estadounidenses tienden a ser menos populares que al principio de la administración, así ha pasado desde Harry Truman hasta George Bush, con la única excepción del gobierno encabezado por Bill Clinton. Otro hallazgo es que los ciudadanos en Estados Unidos evalúan mejor a los presidentes de forma retrospectiva y no al momento de la gestión.
En el caso de México existen todavía muchas dudas sobre: ¿cómo evaluamos a nuestros gobernantes, qué elementos tomamos en cuenta para hacerlo, cuánta información poseemos y cuál es la calidad de la misma?
Si hacemos una comparación de la aprobación presidencial de las tres administraciones entre 2000-2018 en México, veremos que al inicio de la gestión, Enrique Peña Nieto obtuvo 55% de opiniones a favor, mientras que Felipe Calderón llegó a la presidencia con 47% de aprobación; al primer año de gestión es Calderón quien obtuvo mejor porcentaje con 59%, seguido de Peña Nieto quien alcanzó un 58%; en el caso de Vicente Fox los datos no están disponibles, porque las mediciones iniciaron tiempo después de su toma de protesta.


