Los impuestos se han convertido en la medida de control del tabaco más costo-efectiva, de acuerdo con información de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
El consumo de tabaco genera una importante carga económica para la sociedad y da lugar a varios problemas, como los altos costos sanitarios y la pérdida de productividad, que se derivan de las enfermedades atribuibles al tabaco.
La OPS subraya que los impuestos no solamente limitan dichas externalidades mediante la reducción del consumo y la prevalencia, sino que también ayudan a cubrir el gasto público en salud relacionado con el consumo y la exposición al humo de tabaco.
La capacidad de los aumentos de impuestos al tabaco para lograr una mayor recaudación fiscal – al tiempo que reducen el consumo de tabaco– depende de la elasticidad de la demanda en función del precio.
En el caso de los cigarrillos, esa elasticidad es relativamente “inelástica”, es decir, que el cambio porcentual de la demanda es menor que el cambio porcentual del precio.
Los estudios realizados en Latinoamérica demuestran que el aumento de los impuestos sí conlleva un aumento de la recaudación fiscal y la disminución en el consumo en toda la región.
En 2015, al adoptar la Agenda de Acción de Addis Abeba de la Tercera Conferencia Internacional sobre el Financiamiento para el Desarrollo, se incluyó el aumento de los impuestos al tabaco como herramienta para aumentar la recaudación fiscal de los países en desarrollo y como forma de movilizar sus propios recursos nacionales para financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
A pesar de toda esta información, la política de precios e impuestos es de las políticas de control del tabaco menos aplicadas al más alto nivel de cumplimiento por los países, tanto en nuestra región como en el mundo.
La mayoría de los países no está aplicando impuestos a los cigarrillos de manera efectiva.
En parte se debe a que no depende de las autoridades de Salud, y en parte se debe a que existe una muy bien organizada campaña, a nivel internacional, de la industria tabacalera y sus aliados, para oponerse sistemáticamente a dichos impuestos.
Los impuestos al tabaco son de la mayor relevancia, tanto porque es factor de riesgo de las cuatro principales enfermedades no transmisibles (ENT) que se encuentran en la base de la severidad de la pandemia, como por el hecho de saber que los fumadores en sí mismos tienen más probabilidades de desarrollar síntomas graves en caso de padecer enfermedades respiratorias.
Los impuestos al tabaco representan una triple ganancia para los gobiernos al mejorar la salud, reducir los gastos sanitarios asociados, y aumentar la recaudación tributaria.
Además, en el contexto actual, la recaudación adicional podría utilizarse para responder a la pandemia o financiar la recuperación económica y reducir los déficit fiscales.
En este sentido, advierte el organismo de salud, es crucial avanzar entre una coherencia entre las políticas fiscales y de salud pública sobre los impuestos selectivos al consumo sobre los productos de tabaco.


