Vestir a la última moda puede matar al planeta, de acuerdo con el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas, António Guterres.
Cifras de la organización apuntan que la industria de la moda es uno de los sectores más contaminantes del mundo, responsable de hasta el 8% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (GEI).
Consume 215 billones de litros de agua cada año, equivalentes a 86 millones de piscinas olímpicas, y utiliza productos químicos nocivos para la salud humana y los ecosistemas.
A pesar de estas asombrosas cifras, la ropa se produce y se desecha a un ritmo sin precedentes, en un esquema impulsado por modelos de negocio que priorizan la rapidez y lo desechable.
Una crisis cosida a la valenciana
Guterres advirtió que la crisis de los residuos en la moda es un síntoma de un problema mundial mucho mayor.
Los seres humanos generamos en más de 2000 millones de toneladas de residuos al año, suficientes para dar 25 vueltas al planeta si se empaquetaran en contenedores de transporte estándar, contaminando la tierra, el aire y el agua, y afectando de manera desproporcionada a las comunidades más pobres.
“El mundo rico está inundando el Sur Global de basura, desde ordenadores obsoletos hasta plásticos de un solo uso”, afirmó.
“Muchos países carecen de la infraestructura necesaria para procesar siquiera una fracción de lo que se vierte en sus costas, lo que provoca un aumento de la contaminación y unas condiciones de trabajo peligrosas para los recicladores”, advirtió.
Además, la industria de la moda produce más emisiones de carbono que todos los vuelos y envíos marítimos internacionales juntos, con las consecuencias que ello tiene en el cambio climático y el calentamiento global, según la ONU.
El modelo dominante en el sector es el de la “moda rápida”, que ofrece a los consumidores cambios constantes de colecciones a bajos precios y alienta a comprar y desechar ropa frecuentemente. Como consecuencia, la producción de prendas de vestir se duplicó en el periodo de 2000 a 2014. Muchos expertos, incluidos los especialistas de la ONU, consideran que esta tendencia es responsable de una amplia gama de efectos negativos en el ámbito social, económico y ambiental, y subrayan la importancia de garantizar que la ropa se fabrique de la manera más sostenible y ética posible.
La moda
La moda está en el punto de mira como generadora de desechos, subrayando el asombroso consumo de recursos y los niveles de contaminación. Se trata de una industria en la que las tendencias cambian rápidamente y las prendas suelen desecharse después de haber sido usadas un puñado de veces.
Los expertos calculan que duplicar la vida útil de la ropa podría reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 44%.
Sin embargo, también es una industria con grandes oportunidades para transformar vidas y medios de subsistencia a mejor.
“Los diseñadores experimentan con materiales reciclados. Los consumidores exigen cada vez más sostenibilidad. En muchos países, los mercados de reventa están en auge”, dijo el Guterres, instando a todos a contribuir a la lucha contra los residuos.
Más allá de la imagen
Los gobiernos deben promulgar políticas y normativas que fomenten la sostenibilidad y las iniciativas de cero residuos, propone la ONU
Las empresas deben ir más allá del ecopostureo o lavado de imagen ecologista y tomar medidas reales para reducir los residuos, aumentar la circularidad y mejorar la eficiencia de los recursos en todas las cadenas de suministro.
Los consumidores pueden desempeñar un papel crucial tomando decisiones responsables con el ambiente: valorando los productos duraderos, reduciendo el consumo excesivo y apostando por los mercados de reventa.
“No hay lugar para la impostura ecológica”, subrayó Guterres. “Las empresas deben aumentar la circularidad, la reducción de residuos y la eficiencia de los recursos en todas sus cadenas de suministro”.
Más allá de la industria de la moda, la lucha más amplia contra los residuos requiere una coordinación mundial, añadió.
Más de mil millones de personas viven en barrios marginales o asentamientos informales sin una gestión adecuada de los residuos, lo que conlleva graves riesgos para la salud. Los vertidos no regulados y las malas prácticas de eliminación de residuos están agravando la contaminación y la pérdida de biodiversidad en todo el mundo.
“Comprometámonos a poner de nuestra parte para limpiar nuestros actos y construir un mundo más sano y sostenible para todos”, concluye Guterres en un discurso del 29 de marzo de 2025.


