La participación de las mujeres de la Revolución Mexicana

La Revolución Mexicana, un movimiento social y político, fue crucial en la vida de los mexicanos y muchas de las instituciones y reglas que emergieron de esa lucha armada continuán hasta nuestros días.

Los libros de historia suelen reconocer a Francisco I. Madero por ser la figura más visible del inicio de la revuelta; Pancho Villa y Emiliano Zapata tienen un lugar por defender a los campesinos y el reparto de la tierra; Venustiano Carranza promulgó la Constitución Política de 1917, vigente hasta hoy, con adiciones y modificaciones, pero reconocida en el mundo por ser de avanzada en derechos.

De muchas maneras, el movimiento fue un éxito que no se habría alcanzado sin la participación de la mujeres, cuyo papel ha quedado restringido, de acuerdo con los textos, a las Adelitas.

Y no es que las Adelitas fueran menores, pues su papel fue fundamental para los insurrectos. Además de ser valientes guerrilleras en el campo de batalla, algunas hicieron labor fuera de la lucha armada.

Adela Velarde

Para comenzar, hablemos de la mujer por quien las mujeres que acompañaron la revolución recibieron el nombre: Adela Velarde Pérez, que fue héroe y musa de la revolución.

La imagen de Adela Velarde, mirando intensamente a la cámara bajo su enorme sombrero, agarrando una bandera mexicana en una mano y una espada en la otra, su diminuto cuerpo cruzado por un cinturón de balas, encarna la imagen de las miles de mujeres anónimas que se unieron a la Revolución mexicana.

El corrido de “La Adelita”, quizás el más famoso de toda la época de la revolución, se cantaba obsesivamente en los frentes y hoy se sigue escuchando, popularizado por cantantes como Jorge Negrete o Amparo Ochoa.

Sin embargo, la historia de la “Adelita” original sigue siendo en parte un misterio.

Se sabe que nació en el estado de Chihuahua, probablemente en Ciudad Juárez, en el año 1900, en el seno de una familia acomodada.

Según la biografía oficial, fue nieta del general juarista Rafael Velarde, que luchó contra las tropas francesas. Siendo aún adolescente se unió a las filas de la revolución, apoyando a la Asociación Mexicana de la Cruz Blanca en labores de enfermería. Formó parte de la División del Norte del Ejército Constitucionalista, y posteriormente se incorporó al Cuerpo de Ejército del Noreste.

El 22 de febrero de 1941, Velarde fue reconocida como “Veterana de la Revolución” por la Secretaría de Defensa Nacional mexicana y, según el Museo de la Mujer, fue nombrada miembro de la Legión de Honor Mexicana en 1962.

Al acabar la revolución trabajó en Ciudad de México como mecanógrafa en la administración de Correos. En 1965 se reencontró con un coronel que había conocido en sus años de lucha, Alfredo Villegas, con quien se casó en 1965.

Poco después, la pareja se mudó a Estados Unidos, donde vivió hasta su muerte en 1971, debido a un cáncer de ovario. Sus restos yacen en el cementerio de San Felipe, en Del Río, Texas.

Margarita Neri

Originaria de Quintana Roo, era una hacendada antes de la Revolución Mexicana. Cuando el conflicto comenzó levantó su propio ejército con cerca de 200 hombres, aunque al mes ya tenía mil soldados con ella. Al ver que nadie apoyaba a las mujeres, trató de solucionarlo con su gente y realizó campañas de saqueo por Tabasco y Chiapas. Finalmente fue ejecutada, aunque no se sabe realmente quién dio la orden, por qué y en dónde.

Elisa Acuña Rossetti

Elisa Acuña Rossetti, maestra, periodista y revolucionaria mexicana, nacida el 8 de octubre de 1872 en Mineral del Monte, Hidalgo.

Estuvo vinculada con el grupo opositor a Porfirio Díaz Club Liberal Ponciano Arriaga, del cual fue Vocal en la Mesa Directiva y en el que compartió espacio con los hermanos Ricardo y Enrique Flores Magón. En esta organización se discutían textos e ideas revolucionarias y organizaron un movimiento en contra de la dictadura porfirista que fue reprimido.

En 1903 fue acusada de incitar a la violencia y recluida en la Cárcel Nacional, mejor conocida como cárcel de Belén, que existió en la Ciudad de México de 1862 a 1933. Fue encarcelada junto a la maestra Juana Belén Gutiérrez, compañera de ideas, y junto a redactores de El hijo del Ahuizote, publicación política de oposición al régimen de Díaz.

En 1910  participó en la fundación del Club Femenil Antirreeleccionista “Las hijas de Cuauhtémoc”, que conglomeró a más de 300 mujeres y exigió a Díaz mejores condiciones laborales para las mujeres, organizó huelgas, demandó un profundo cambio social y político y creó el periódico La guillotina. Además, en este periodo Elisa Acuña participó en la organización de la gran Convención Anti-Reeleccionista en apoyo a la candidatura de Francisco I. Madero a la presidencia.

En 1920 participó en la creación del Consejo Feminista Mexicano, que reunió a las mujeres propagandistas que participaron en la Revolución Mexicana y reclamó a los hombres revolucionarios la falta de reconocimiento a las mujeres que formaron parte del movimiento.

Cuando se creó la Secretaría de Educación Pública, el 3 de octubre de 1921, la maestra se unió al proyecto de formación para las escuelas rurales y, para 1927, se convirtió en jefa de la sexta misión cultural en San Luis Potosí, Zacatecas y Aguascalientes. Estas misiones pretendían transformar las comunidades rurales mediante el acceso a la educación, la cultural, el deporte, entre otros.

Elisa Griensen Zambrano

Ella marcó el diferenciador en la famosa “Expedición punitiva”, también conocida como “La tercera intervención estadounidense”. Estados Unidos buscaba capturar a Francisco Villa, ya que él había intervenido previamente en Columbus en Nuevo México. La ocupación de soldados estadounidenses era muy molesta para los habitantes de Hidalgo del Parral, en donde vivía Elisa Griensen. Ella, de 28 años y harta de que todos se quejaran y nadie hiciera nada, reclamó al presidente municipal, pero no obtuvo apoyo del gobierno. Así, Griensen solicitó ayuda de la gente y comenzó un mitin, pero tampoco fue seguida, así que el grupo de quinto año de la primaria local y algunas mujeres se sumaron al contingente y tomaron armas, piedras y la bandera de México. Así, echaron al ejército y desde entonces, la hazaña se considera de suma importancia en la Revolución Mexicana.

Encarnación Mares

También conocida como “Chonita”, es un caso particular. Para participar en la Revolución Mexicana y luchar como cualquier soldado, tuvo que vestirse como hombre y “cambiar” su voz y así ser aceptada. Cuenta la leyenda que se cortó las trenzas con mucho dolor y se sumía en un sombrero para que no la reconocieran. Su carrera abarca varias batallas, como Villa Almada y Sabinas, Valles, Huejutla, Chapultepec, Papantla, entre otras. Esto la llevó a ostentar varios títulos como Cabo, Sargento Segundo y Sargento Primero; sin embargo, cuando el gobierno supo la verdad en 1916, le retiraron el cargo.

María Quinteras de Merás

A diferencia de Encarnación Mares, María Quinteras de Merás jamás se ocultó detrás de un disfraz, más bien, trató de mostrar el género sin tapujos. Sin embargo, usaba el mismo uniforme que los hombres para que todo fuera exactamente igual. La soldadera demostró que era valiosa en el campo de batalla y, de hecho, Pancho Villa la reclutó tras ver su valentía. Se dice que él la tenía en una alta estima, al grado de que era de sus personas de confianza. Ella permaneció en el ejército villista de 1910 a 1913 y hasta el último momento dio todo por la lucha. Desafortunadamente, ella es de los pocos nombres femeninos que se tienen registrados en la Revolución Mexicana, a pesar de que fueron muchísimas las involucradas.

Juana Belén Gutiérrez de Mendoza

Si bien ella no estuvo en el campo de batalla como las mujeres que mencionamos antes, Juana Belén Gutiérrez de Mendoza luchó desde las letras, pues fue profesora, periodista, sufragista y activista feminista. Durante el porfiriato se pronunció fuertemente en contra del catolicismo y las injusticias, así que comenzó campañas entre sus conocidos, principalmente mujeres, para salirse del sistema. En 1897 fue encarcelada por primera vez, tras defender los derechos laborales de los mineros de La Esmeralda y ahí aseguró no tener miedo de nada, por lo que seguiría luchando por mejorar las condiciones sociales a través, inclusive, de sus artículos. Zapata la llamaba “una verdadera líder” gracias a que incitaba a todos los estratos sociales a la lucha: desde los que la leían hasta los que se encontraba en la calle. Juana fue parte del grupo que elaboró el Plan de Ayala y fundó el periódico Alma Mexicana, así como el grupo La República Femenina, una colectiva de mujeres que luchaban por los derechos sociales.

Hermila Galindo

Además de ser una feminista activa, se desempeñó como editora de la revista Mujer Moderna y trabajó en favor con Venustiano Carranza desde su publicación. Asimismo, lideraba algunos grupos feministas en los que trataba de impulsar la lucha por los derechos, en especial por la educación e igualdad sexual. Esto era, por supuesto, un delito para la iglesia y algunos miembros del gobierno, por lo que su trabajo y su revista fueron satanizados. También promovió el derecho femenino al voto y fue de las activistas que lograron que se incluyera en la Constitución Política de 1917, aunque esto se logró hasta 1953, un año antes de su muerte.

Dolores Jiménez y Muro

Otra de las grandes activistas y luchadoras desde las letras, fue Dolores Jiménez y Muro, quien era socialista y activista política de Aguascalientes. Entre sus publciaciones se encuentra La mujer mexicana, una revista de corte feminista en la que abogaba, entre otros temas, por el acceso a la vivienda, la descentralización del sistema educativo y garantías para las poblaciones indígenas. Asimismo fue parte de la campaña “El plan político y social proclamado por los estados de Guerrero, Michoacán, Tlaxcala, Campeche, Puebla, y el Distrito Federal (18 de marzo de 1911)” para que Francisco I. Madero llegara a la presidencia. Esto y las acciones sociales que ella proclamaba desde su editorial hicieron que Emiliano Zapata la reclutara en su equipo, del cual fue parte hasta la muerte del líder en 1919.

Natalia Serdán Alatriste

Sí, ella fue la mayor de los hermanos Serdán. Sin embargo, aunque fueron Aquiles y Máximo los que tienen mayor renombre, las hermanas Natalia y Carmen también fueron de suma importancia en la Revolución Mexicana. Su lucha se vió reflejada en actos que, social e históricamente, han sido asignados a las mujeres, como el cuidado y el bienestar de los demás. Natalia prestó su casa para las reuniones que adelantaron el estallido de la lucha y salvó a su hermano Aquiles de ser víctima del ataque del ejército porfirista. Asimismo, sacó de la cárcel a su hermana numerosas veces.

María del Carmen Serdán Alatriste

Ella, al igual que sus hermanos llevó acciones antireelección cuando Madero externó su deseo por ser presidente. Por lo que trabajó para encontrar igualdad y mejoras en el trabajo con otras mujeres de Puebla. Usaba el pseudónimo Marcos Serrato para comunicarse con sus hermanos y distribuía armas y municiones en las tropas para que no sospecharan de ellos. Ella, al no saber luchar como las Adelitas u otras compañeras, se dedicó a escribir en El hijo del Ahuizote y el Diario del hogar. Asimismo, fundó la Junta Revolucionaria de Puebla. En 1910, el domicilio de los Serdán fue atacado por el ejército, por lo que Carmen salió al balcón de su casa y emitió un discurso emotivo y lanzó un disparo. Se dice que éste fue el primero de toda la Revolución Mexicana. Contrario a otras heroínas y héroes de la lucha, sobrevivió y se desempeñó como enfermera, además de hacerse cargo de sus sobrinos.

Censo mortuorio de la Revolución mexicana

En la actualidad, no existe consenso entre los investigadores respecto al impacto demográfico que tuvo la Revolución mexicana, ni en torno a los componentes de éste. Las muertes asociadas a la Revolución se estiman en un rango de 1.9 a 3.5 millones de personas.

En este conteo no se especifica si las víctimas son mujeres u hombres.

(Con información del INEHRM)