Memoriales virtuales: Facebook llegará a 1,400 millones de usuarios fallecidos en unos años

El mundo de las redes sociales, la conectividad, la nube y el internet han modificado las maneras en que nos relacionamos con los demás, trastocando áreas de nuestras vidas como nuestro día a día, lo que comemos, cómo nos vestimos, las relaciones e incluso la muerte.

En la actualidad existen 2,375 millones de usuarios mensuales en Facebook. A finales de 2008, cuando la plataforma solo sumaba cuatro años de edad, el número de personas que se conectaban al menos cada 30 días era ya de 100 millones. Considerando el alcance, así como la duración de la vida humana, existe un número de perfiles de personas que ya han fallecido en este medio social.

Averiguar el número de perfiles de fallecidos es precisamente lo que intentan los investigadores de la universidad de Oxford Öhmann y Watson en su artículo ‘Are the dead taking over Facebook? A Big Data approach to the future of death online’.

Según sus cálculos, el número total de cuentas de finados en el año 2100 alcanzará como mínimo las 1,400 millones, si la red social se estanca en usuarios, y un máximo de 4,900 millones, si esta continúa creciendo en usuarios al ritmo actual.

Lo cierto es que actualmente, los servicios funerarios digitales han crecido un 45%. Los funerales de transmisión en vivo representan el 30% de los servicios, permitiendo una participación remota. La escritura de un obituario con Inteligencia Artificial y la gestión del legado digital se han expandido 15%, dando opciones personalizadas

Por lo pronto, Facebook le da al usuario la posibilidad de transformar la cuenta de un ser querido en una página conmemorativa. Una cuenta conmemorativa de Facebook es un perfil para personas fallecidas que sirve como un espacio para que amigos y familiares compartan recuerdos. Esto se logra solicitando el formulario de Facebook y proporcionando el certificado de defunción; el titular de la cuenta puede configurar previamente un “contacto de legado” y optar por la opción “Convertir en conmemorativa” o “Eliminar cuando fallezca” en la configuración de su cuenta. Y no, Facebook no tiene una cifra de cuántas cuentas se han convertido en conmemorativas.

Es que la era digital permite que un ser querido sea despedido no solo en velorios y entierros tradicionales; el uso de redes sociales, memoriales en línea y tecnologías avanzadas ha cambiado profundamente la manera en que procesamos el duelo y honramos la memoria de quienes se han ido.

Esta novedosa percepción de la muerte no sólo ofrece nuevas formas para lidiar con la pérdida, sino también reformula antiguos paradigmas sobre su significado y cómo vivimos la muerte de forma colectiva.

En los últimos años, la expansión de las nuevas tecnologías y las redes sociales ha dado lugar a un vocabulario emergente en torno a la muerte, con términos como “cementerios virtuales”, “cuentas in memoriam”, “testamentos virtuales” y “ritos ciber mortuorios”, de acuerdo con el artículo “Muerte 2.0: pensar e imaginar la muerte en la era digital” de la revista Andamios de la Universidad Autónoma de la Ciudad de Mexico.

“Los nuevos ritos mortuorios nacidos con el advenimiento de la sociedad digital y la cibercultura van en contra de esta lógica moderna de marginalizar y ocultar la muerte, y vuelven a acoger al difunto de un modo simbólico, afectivo y relacional”, menciona el artículo

Las “cuentas in memoriam” o cuentas conmemorativas son pensadas como páginas en Facebook donde los familiares y amigos del difunto pueden seguir dejándole mensajes después de muerto, además de canciones, videos e imágenes.

“El hecho de que la cuenta siga activa produce un sentimiento de presencia de la persona fallecida que nos incita a comunicarnos con ella, algo que no sucede igual en una tumba o en un nicho de cementerio, donde el cuerpo queda oculto y enterrado, olvidado en un espacio alejado”, menciona el artículo.

De esta manera, Facebook pretendía rendir homenaje a la memoria de quienes han fallecido a través de perfiles conmemorativos, donde es posible preservar y compartir recuerdos, historias y experiencias de los fallecidos. Este tipo de cuentas ofrecen nuevas maneras de procesar el luto, el duelo y de mantener una conexión con la persona fallecida.

Al ser un perfil donde muchas personas pueden publicar y compartir sus sentimientos y pensamientos sobre la persona fallecida la muerte deja de ser un asunto privado, sino que se comparte y socializa de manera colectiva. Antes de la modernidad, la muerte formaba parte visible y pública de la vida social, fenómeno que ha resurgido en la cibercultura.

Las personas dolientes tienen sentimientos de tristeza, enfado o impotencia cuando pasan por el duelo. El acompañamiento puede ser muy reconfortante en los momentos dolorosos, pues se puede conectar con las persona a partir de la empatía, de acuerdo con el manual de capacitación para Acompañamiento y Abordaje de Duelo del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)

La muerte y la dataimagen

El término “dataimagen” hace referencia a la representación digital de una persona en las bases de datos, es decir, su identidad electrónica. Esta puede abarcar datos como el nombre, edad, género, dirección, número de teléfono y origen étnico, así como preferencias de consumo, intereses y otros aspectos personales.

Conforme una persona crece vacía información a través de lo que busca, compra. Todos los datos que se han usado digitalmente están almacenados en el Internet. “Las máquinas saben más acerca de nosotros que nosotros mismos. La dataimagen, a diferencia del yo real, es completa, recuperable, predecible en términos estadísticos, etcétera”, menciona el artículo Muerte 2.0: pensar e imaginar la muerte en la era digital.

Según el artículo, todos estos datos se pueden guardar como un documento, al ser almacenados la vida de la persona podría ser revivida y reproducida dentro de un contexto histórico cuando alguien lo elija.

Para Öhmann y Watson, cada individuo que deja un perfil representa un evento único en sí mismo, lo que a menudo nos plantea preguntas difíciles sobre la herencia de activos digitales y la privacidad póstuma en línea póstuma. Pero cuando se agregan, la totalidad de estos casos constituye algo más que la suma de sus partes. El patrimonio digital personal que dejan los muertos en línea es, o al menos se convertirá en, parte de nuestro patrimonio digital cultural compartido, que puede resultar invaluable no solo para los historiadores del futuro

Las despedidas y acciones rituales en el mundo digital permiten que los dolientes se sientan acompañados y mantienen la memoria de su familiar. De esta forma, señala Israel Márquez, autor de “Muerte 2.0: pensar e imaginar la muerte en la era digital”, nunca morimos totalmente, la distancia entre vivos y muertos, como la distancia entre lo público y lo privado, es cada vez más tenue.

Hoy en día, la persona que fallece sigue generando comunicación y estableciendo vínculos a través de Internet y las redes sociales digitales.

Morir en el mundo digital actual es no morir del todo. Es formar parte de una socialidad electrónica que se despliega periódicamente en los muros y perfiles de diferentes personas alrededor del mundo.