Mitos, verdades y controversia sobre la vacunación en México

En los últimos años se ha documentado una disminución en la cobertura de vacunación en todo el mundo por causas complejas y diversas dando como resultado el resurgimiento de enfermedades infecciosas. En 2017 se presentaron 173,330 casos confirmados de sarampión en 183 países.

Este año se cumplen 2019 se cumplieron 35 años de la eliminación de la poliomielitis en América; actualmente ha habido brotes en 21 países y el virus es endémico en Nigeria, Afganistán y Pakistán.

También se han registrado dos epidemias de tosferina en Estados Unidos (2010 y 2014) y en México, hasta el 2020, se notificaron 314 casos. Todo lo anterior podría explicarse en parte por el movimiento antivacunas, definido como el rechazo de la vacuna a pesar de su disponibilidad, surgido tras una investigación publicada en Lancet por Wakefield y colaboradores, en el que se asociaba la vacuna triple viral con el autismo.

Lancet lo retiró poniendo en duda esas conclusiones, esa investigación se considera uno de los mayores fraudes científicos de la historia, que propició una caída en las tasas de vacunación. Múltiples estudios han refutado el argumento antivacuna como la demostración de una disminución de la morbilidad y mortalidad por el uso de vacunas en un 92% y 99%, respectivamente.

El movimiento antivacunas ha derivado también en diversos planteamientos éticos, como si la inmunización de los niños debe ser obligatoria, entre otros.

La controversia sobre las vacunas surge de la desconfianza, información falsa y movimientos antivacunas, a pesar de que la evidencia científica demuestra que son seguras y efectivas, salvando millones de vidas. Las principales preocupaciones incluyen falsos vínculos con el autismo, efectos secundarios extremos, desconfianza en la industria farmacéutica y objeciones culturales o religiosas.

Refutando mitos sobre las vacunas

  • Mito: Las vacunas causan autismo
  • Verdad: No hay evidencia de vínculo alguno entre las vacuna y el trastorno del espectro autista

No hay estudios detallados que demuestren una relación entre ninguna vacuna y el autismo o los trastornos del espectro autista. Esta información errónea proviene de un estudio que ya ha sido refutado de manera concluyente y eliminado de la revista en la que se publicó. Desde entonces, cientos de estudios bien diseñados han confirmado que no existe riesgo de desarrollar autismo por la vacunación.

Algunas personas siguen difundiendo esta información errónea porque les beneficia: pueden estar ganando dinero vendiendo o promocionando productos destinados a «reemplazar» las vacunas o pueden estar buscando aumentar su participación en línea. Otras personas sienten que no pueden confiar en los científicos, médicos y autoridades que coinciden de manera abrumadora en que las vacunas no causan autismo.

  • Mito: Administrar demasiadas vacunas a la vez puede sobrecargar el sistema inmunológico; es mejor espaciar las vacunas.
  • Verdad: Nuestros cuerpos se enfrentan a innumerables gérmenes cada día; las vacunas no sobrecargan nuestros sistemas inmunológicos.

Se ha demostrado que recibir más de una vacuna al mismo tiempo no tiene ningún efecto negativo en las defensas del organismo contra las infecciones. Piensa en la cantidad de patógenos (gérmenes) con los que interactuamos cada día: ¡nuestros sistemas inmunológicos están diseñados para enfrentar a mucho!

Además, el esquema de vacunación ha sido cuidadosamente planificado por científicos y médicos para garantizar que cada persona obtenga la máxima protección de las vacunas antes de que corra mayor riesgo de contraer enfermedades. Por ejemplo, los bebés reciben su primera vacuna contra el tétanos, la difteria y la tos ferina justo cuando desaparece la protección que les proporcionan los anticuerpos de sus madres antes de nacer. No seguir el calendario de vacunación recomendado puede poner a los niños en riesgo de sufrir enfermedades peligrosas.

Recibir varias vacunas al mismo tiempo también tiene muchas ventajas: menos visitas a la clínica; más oportunidades de completar las dosis recomendadas a tiempo; y menos inyecciones cuando se utilizan vacunas combinadas, como la triple vírica, que ofrece protección contra las paperas, el sarampión y la rubéola.

Puede hablar con su proveedor de atención médica sobre cómo manejar los efectos secundarios leves comunes de las vacunas, como el dolor en el lugar de la inyección.

  • Mito: La inmunidad “natural” es mejor que la inmunidad que proporcionan las vacunas.
  • Verdad: Adquirir inmunidad “natural” al contraer una enfermedad es mucho más peligroso que vacunarse.

Las vacunas entrenan a nuestros sistemas inmunológicos para combatir las enfermedades sin los posibles efectos nocivos de las propias enfermedades, como enfermarse gravemente, hospitalización, efectos a largo plazo y muerte. Nuestros sistemas inmunológicos producen anticuerpos contra los virus o las bacterias cuando entra en contacto con estos patógenos, ya sea de forma “natural” o tras recibir una vacuna.

La vacunación conlleva un riesgo muy menor, pero contraer una enfermedad prevenible por la vacunación es mucho más arriesgado y puede causar enfermedades graves y la muerte.

Además, permitir que las enfermedades se propaguen podría causar millones de muertes y hacer que aún más personas vivan con los efectos duraderos de estas enfermedades.

  • Mito: Las vacunas contienen ingredientes peligrosos y tóxicos.
  • Verdad: Los ingredientes de las vacunas son seguros.

Aunque los ingredientes que figuran en las etiquetas de las vacunas pueden parecer intimidantes (por ejemplo, mercurio, aluminio y formaldehído), suelen encontrarse de forma natural en el cuerpo, en los alimentos que comemos y en el entorno que nos rodea, por ejemplo, en el atún. Las cantidades presentes en las vacunas son muy pequeñas y no envenenan ni dañan el cuerpo.

Además, las vacunas se someten a rigurosas y largas pruebas científicas, así como a procesos de certificación de la OMS y las agencias reguladoras nacionales para garantizar su seguridad y eficacia.

Recuerda: Las vacunas se someten a pruebas rigurosas para garantizar su seguridad. No envenenarán tu cuerpo.