Un sujeto está sentado en su jardín mirando el comportamiento de las polillas cuando descubre tres insectos volando alrededor suyo. No son polillas y no son animales comunes en donde vive: una localidad cercana a Reikiavik, Islandia, uno de los dos sitios del mundo que, hasta el año pasado, estaban libres de mosquitos.
El sujeto se llama Bjorn Hjaltason, aficionado a la entomología, y vive en Kjós, un valle glaciar al sur de Reikiavik, la capital islandesa.
Hjaltason compartió la noticia de su descubrimiento en una página de Facebook dedicada a la fauna local, junto con fotos de los insectos, que describió como “un mosquito extraño”, según los medios islandeses.
“Me di cuenta de inmediato de que era algo que nunca había visto”, dijo en la publicación, compartida por un sitio de noticias islandés, y agregó: “La última fortaleza parece haber caído”.
Hjaltason envió los insectos al Instituto Islandés de Historia Natural para su identificación, donde el entomólogo Matthías Alfreðsson confirmó sus sospechas.
Más allá del evidente impacto del cambio climático, porque los mosquitos no sobreviven en climas helados, el hallazgo de Hjaltason pone en evidencia la falta de controles para evitar el arribo de fauna invasora o nociva.
Tecnología para rastrear especies invasoras
Para rastrear y controlar especies invasoras de forma temprana y eficaz, la ciencia y la ecología utilizan tecnologías geoespaciales, genéticas y de teledetección.
Estas herramientas permiten a los ecólogos trazar mapas, identificar poblaciones y erradicar amenazas antes de que dañen los ecosistemas locales.
Las principales tecnologías e innovaciones utilizadas incluyen:
ADN Ambiental (eDNA): Permite identificar animales y plantas a través de muestras de agua, suelo o aire, sin necesidad de observar el espécimen. Facilita rastrear rastros genéticos en ríos o lagos.
Drones y LiDAR: Equipados con cámaras multiespectrales o sensores láser, crean mapas 3D para evaluar la extensión y la ubicación de plagas (ej. el kudzu en EE. UU.). También cargan sistemas de telemetría para rastrear animales equipados con transmisores de radio.
Aplicaciones y ciencia ciudadana: Plataformas geográficas, como la plataforma EEIKO, permiten a cualquier persona registrar avistamientos mediante fotografías geolocalizadas, lo que nutre bases de datos en tiempo real.
Análisis de ADN in situ: El uso de dispositivos portátiles (como la herramienta NABIT) permite a los investigadores analizar el ADN directamente en el ecosistema, agilizando las acciones de mitigación.
Fototrampeo: Cámaras ocultas y automatizadas que capturan la presencia de fauna diurna y nocturna sin alterar su comportamiento, proporcionando un registro visual preciso.
Rastreo de especies invasoras en México
El rastreo de especies invasoras en México utiliza una combinación de biotecnología genética, monitoreo acústico/óptico y ciencia ciudadana.
Estas herramientas permiten a los investigadores y autoridades detectar poblaciones fuera de su ecosistema nativo antes de que causen daños graves y costosos al medio ambiente.
La tecnología y plataformas clave empleadas en México incluyen:
ADN ambiental (ADNa): Técnica innovadora que permite identificar la presencia de especies invasoras (como el pez diablo o el pez león) analizando muestras de agua o suelo, detectando restos genéticos sin necesidad de observar al animal directamente.
Cámaras trampa con inteligencia artificial: Equipos con sensores de movimiento que toman fotografías y videos de forma no invasiva. Posteriormente, se utilizan algoritmos de IA para procesar las imágenes y clasificar e identificar especies rápidamente.
Monitoreo bioacústico: Grabadoras autónomas instaladas en ecosistemas mexicanos que detectan cantos y sonidos, muy útiles para el rastreo de aves, anfibios y mamíferos invasores.
Plataforma previene: Sistema oficial de la CONABIO que recopila, rastrea y evalúa las actividades de prevención, control y erradicación implementadas en el país bajo la Estrategia Nacional sobre Especies Invasoras.
Ciencia ciudadana (EncicloVida y aVerAves): Aplicaciones móviles impulsadas por la CONABIO que permiten a cualquier persona en territorio nacional fotografiar flora o fauna sospechosa y subirla a plataformas con mapas interactivos y de geolocalización.
Un último bastión sin mosquitos
Antes del descubrimiento, Islandia era uno de los únicos dos remansos libres de mosquitos en el mundo, en parte por su clima frío. La única otra zona libre de mosquitos registrada es la Antártida.

