37% de los gases contaminantes vienen de los alimentos

Algunos de nuestros alimentos preferidos viajan miles de kilómetros antes de llegar a nuestro plato.

La pregunta es, de acuerdo con el Foro Económico Mundial,  ¿qué comer en un mundo que se calienta?

Especialistas señalaron que la urgencia de la crisis planetaria resulta incuestionable. Pero no solo de clima vive el ser humano, al llegar la hora del almuerzo nos asaltan ciertas dudas. ¿Ataco el aguacate ecológico o me tiro por la hamburguesa vegetal? O tal vez te preguntes qué pasa por comerte de postre unos arándanos peruanos.

Es que lo que comemos contribuye al calentamiento de nuestro planeta. Los alimentos son responsables de entre el 21% y el 37% de los gases contaminantes que lanzamos a la atmósfera.

Nuestra alimentación influye en el calentamiento del planeta de distintas formas. Primero, cuando se destruyen bosques para hacer sitio al ganado y al cultivo de plantas, como cereales, escapan a la atmósfera grandes reservas de carbono almacenado en los árboles y en el suelo, y calientan el planeta. También influye el metano liberado cuando vacas y ovejas digieren su comida, o el producido en los arrozales.

Y las emisiones durante el cultivo y la recolección de verduras, la cría de los animales e incluso durante el proceso de envasado y procesado. Finalmente, algunos alimentos viajan en neveras durante semanas emitiendo CO2 (entre otros gases) hasta mercados repartidos por todo el mundo. Más contaminación. Y más gases de efecto invernadero. De ahí los llamados alimentos kilométricos. Es lo que tiene comer en un mundo globalizado.

Comida kilométrica: así calienta el planeta

Pero seamos justos: en general, lo que comemos importa más que la procedencia del alimento. Lo normal es que un producto de origen animal, como la leche de vaca o un filete de ternera, tenga mayor huella de carbono que su alternativa vegetal, digamos una bebida vegetal o un trozo de tofu, hecho con avena o soja; mejor aun si esa alternativa procede de un productor local y prescinde del envasado de plástico o tetrabrik.

Alimentos contaminantes

El transporte de los alimentos es responsable tan solo del 6% de las emisiones. Pero si sumamos todos los viajes, se acumulan un montón de toneladas de gases de efecto invernadero. No es que las cerezas australianas o los arándanos chilenos no estén ricos, es que la huella climática de su tránsito resulta enorme: 1,800 kilos y 3,100 kilos de CO2 por trayecto respectivamente. A esto hay que añadir lo que contaminan por viajar en neveras para garantizar el buen estado.

Alimentos kilómetro cero

Por eso surge el movimiento de alimentación kilómetro cero, es decir, fue cultivada o producida cerca de casa, en granjas próximas o por productores locales. En definitiva, que proceda de un radio inferior a 100 kilómetros. Puesto que no necesitan recorrer grandes distancias, estos alimentos ahorran energía durante su transporte y lanzan menos gases contaminantes.

Calentar menos el planeta

El objetivo es hacer lo que nuestros abuelos: comer alimentos locales y de temporada, lo que la huerta dé en ese momento. Huelga decirlo, pero se trata de buscar alimentos que sean de temporada allí donde vivimos.

Por mucho que las bananas estén de temporada casi todo el año en Ecuador, comerlas en Asturias o en Madrid no equivale a comer de temporada.

Ecológico ≠ de temporada

Si quieres frenar el cambio climático, busca alimentos de temporada antes que orgánicos o, mejor aún, que reúna las dos características. Un aguacate con sello de ecológico no ha sido producido con fertilizantes artificiales, lo que resulta genial para el planeta. Pero ello no implica que su huella de carbono, o su contribución al cambio climático, sea necesariamente menor.

Este sello no nos cuenta qué cantidad de agua o de energía ha necesitado para crecer. Tampoco nos dice cuántos kilómetros ha viajado ni cómo, o cuánto ha durado su conservación. Por eso dice Greenpeace: hay que optar por alimentos ecológicos, locales y de temporada, y que sean producidos por pequeños agricultores.

Un gran cambio es a veces la suma de pequeños gestos, uno de ellos puede ser llenar la canasta sólo con producto local.