El alquiler de amigos despega en España como remedio a la soledad

Algunas personas dicen que pagan para que alguien les acompañe a pasear.

En España hay una tendencia en auge: pagarle a personas que no conoces para que te acompañen por horas en eventos, a charlar o hacer turismo, entre otras cosas

 Esta tendencia es utilizada principalmente para combatir la soledad no deseada, integrarse al mudarse a una nueva ciudad, o contar con un acompañante para actividades específicas. 

Estas plataformas prohíben estrictamente las citas románticas o los servicios de acompañamiento (escorts); el pago cubre única y exclusivamente el tiempo, la compañía y la amistad platónica.

En la era de las videollamadas, los mensajes de voz, los emojis por doquier y los miles de ‘me gusta’ en las redes sociales, nos sentimos más lejos de los otros que nunca. Por eso, cada vez más personas buscan alguien con quien hablar, aunque sea pagando. 

En plataformas como Alquifriend, alrededor de unas 25,000 personas se anuncian como amigas de alquiler y unas 17,000 los buscan.

Los usos de comprar un amigo por horas son muy variados y pueden ir desde llenar huecos inesperadamente libres en convites de boda hasta conocer ciudades de la mano de locales. 

El éxito de estas webs principalmente se debe a la soledad. Especialistas en psicología consideran que detrás de este fenómeno complejo y dramático hay dinámicas sociales muy claras, pues mientras el ser humano está hecho para vivir en manada, el sistema en el que vivimos hace que cada vez estemos más solos.

El 21% confiesa no tener amigos

Las aplicaciones para alquilar amigos suelen usarlas personas que carecen de amistades cercanas. Algo que, según el informe La soledad del siglo XXI, elaborado por la Universidad Pontificia Comillas en 2020, afecta a un 21.1% de la población española encuestada, que confesó no tener un grupo de amigos con el que se viese con frecuencia.

El estudio estimó también que el 21% siente aislamiento social –el 26% leve y el 3% intenso– y que aumenta conforme se es más joven. En concreto, se sienten solos el 14.7% de los mayores de 60 años, el 18% de quienes tienen entre 30 y 60 años y el 65% de los jóvenes de entre 16 y 24 años, quienes, además, utilizan frecuentemente las redes sociales y las aplicaciones de mensajería, en lugar del contacto personal. Un informe de Unicef publicado en 2021 señaló que el 90.8% se conecta a internet todos o casi todos los días y que seis de cada diez adolescentes duermen con el móvil.

Estos datos sobre la soledad salieron a la luz con la crisis provocada por la pandemia, pero especialistas apuntan que el aislamiento sólo dio voz a “una enfermedad silenciosa que nos acompaña desde hace años y que no deja de crecer”. De hecho, el 40% de los jóvenes de todo el mundo manifestó sentirse solo en el estudio “The Loneliness Experiment”, de 2018.

Las razones que han motivado este auge de la soledad son variadas, pero Jesús Saiz, profesor de psicología social de la Universidad Complutense de Madrid, apunta probablemente a “la competitividad y el individualismo” que fomenta la sociedad moderna y su sistema económico basado en el logro. 

Sin duda, pagar por tener relaciones interpersonales es un fenómeno complejo que indica que “algo está fallando en la raza humana”, sociable por naturaleza. Ahora, “la vida que llevamos nos conduce al aislamiento”, insiste.

Animal colectivo

Por obvio que suene, los seres humanos necesitamos a otros seres humanos. Lo colectivo es fundamental para progresar tanto desde un punto de vista evolutivo como social. Sentirnos, escuchados, queridos y necesarios para otras personas es imprescindible para mantener una buena salud mental. Sin embargo, la forma de comunicarnos ha cambiado y esto podría estar perdiéndose. En este contexto, las aplicaciones para alquilar amigos pueden suponer una “oportunidad” para romper el círculo vicioso de la soledad, aunque efímera y que precisa de ayuda profesional.

Para Instagram

El alquiler de amigos no es nada nuevo. De hecho, ya es toda una industria en Japón y desde allí se ha ido expandiendo a muchos otros países. Concretamente, plataformas como RentAFriend, Alquifriend o Rent a Local Friend son algunas de las que se pueden utilizar en España. La segunda de estas páginas, lanzada a finales de 2018 y de origen andaluz, nació de la necesidad de su fundador, que se encontró solo al mudarse a una nueva ciudad. “Pensé en que no me importaría pagar por salir a correr y que me enseñaran rutas”, recuerda. Por aquel entonces creía que la aplicación se emplearía para actividades parecidas, pero ahora reconoce que los usos pueden ser variopintos.

“Hay personas que alquilan un amigo para hacerse una foto y subirla a Instagram”, aunque también hay otras que “buscan llenar huecos de eventos como bodas”. Hacer senderismo, jugar a los bolos o ir a museos, fiestas o graduaciones son otros de los usos que las aplicaciones anuncian. 

¿Cuánto puede costar alquilar un amigo por horas?

Así como varía la utilidad de alquilar un amigo, también lo hace su precio. En RentAFriend, por ejemplo, los usuarios deben pagar una membresía de unos 25 euros para poder contactar con ellos, a quienes luego abonan a su vez sus tarifas. Normalmente, van desde los cinco o diez euros la hora -o incluso gratis- hasta los 50, un máximo que tiene fijado oficialmente la plataforma española.

Quienes cumplen esta función señalan que utilizar estas plataformas da seguridad a ambas partes: Al pagar te comprometes a respetar normas. 

Otra cosa a tomar en consideración: en el precio de los amigos de alquiler no entran dentro los gastos que la actividad requiera, de los que debe hacerse cargo quien contrate el servicio. Es decir, la entrada del cine o la cuenta de la cena corre a cargo de quien ha contratado al otro.

¿Estas apps sacan rédito de la soledad de la gente?

Más allá de las personas que pagan por la compañía, están los que ofrecen su tiempo para participar como acompañantes. Se trata de una forma de ganar recursos extra, pero al mismo tiempo posibilita conocer a mucha gente nueva sin que sea incómodo. Simplemente lo afrontan como una nueva forma de socializar.

Aun así, esta tendencia plantea algunas dudas. Por un lado, puede ayudar a quienes se sienten solos a dar el primer paso y salir de esa situación. Por otro lado, abre el debate sobre si las relaciones personales se están convirtiendo en algo cada vez más ligado al dinero.

Lo único claro es que este modelo continúa creciendo con el paso del tiempo. Pagar por tener compañía ya no es ninguna rareza que parece salida de Japón, sino que empieza a ser común en ciudades como Madrid y Barcelona. En una sociedad donde cada vez parece más complicado conectar con los demás, estas aplicaciones están encontrando cada vez más público.