Arte creado con IA: creatividad en la era digital

La irrupción del arte generado por inteligencia artificial (IA) ha transformado el panorama creativo, abriendo nuevas posibilidades y planteando importantes interrogantes.

Uno de los temas más relevantes actualmente es su impacto ambiental, lo que ha comenzado a resonar en espacios clave como las Naciones Unidas.

En su sede de Nueva York, una reciente exposición, que los especialistas proponen incluir en el “digital environmentalism”, utiliza obras de arte creadas con IA para concientizar sobre el cambio climático y el futuro sostenible.

Esta interacción entre tecnología, creatividad y ecología no solo redefine el arte, sino que también refleja una profunda preocupación por la sostenibilidad en la era digital.

Un dato curioso es que las obras de arte generadas por IA a menudo requieren grandes cantidades de datos y poder de procesamiento, lo que genera emisiones de carbono debido al uso intensivo de energía de los centros de datos.

Este tipo de información pone de relieve la necesidad de integrar enfoques más sostenibles en la creación artística impulsada por IA.

En este sentido, el concepto de “arte ambiental digital” no se limita a la temática de las obras, sino que también incluye una reflexión sobre cómo podemos reducir el impacto energético de los procesos creativos que emplean IA.

Este enfoque invita a los artistas y tecnólogos a encontrar soluciones creativas que sean más respetuosas con el medio ambiente, utilizando tecnologías emergentes de manera responsable.

“Pintar” con datos

El artista multimedios Refik Anadol crea una nueva expresión artística mediante la inteligencia artificial generativa.

La inteligencia artificial generativa está llamada a redefinir no solo el sector de la tecnología, sino también nuestra forma de crear y concebir el arte de forma radical. Refik Anadol se encuentra a la vanguardia de esta revolución.

Este artista multimedios y diseñador turco-estadounidense es un pionero de la estética de los datos y la inteligencia artificial. En su búsqueda de la creatividad donde confluyen el ser humano y la máquina, utiliza algoritmos de aprendizaje automático basados en datos para digitalizar recuerdos y crear arte ambiental abstracto y colorista. Su obra se ha expuesto en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Centro Pompidou-Metz, la Galería Nacional de Victoria en Australia y la Bienal de Arquitectura de Venecia.

Anadol defiende la convergencia del arte, la ciencia y la tecnología, el potencial de la inteligencia artificial generativa y cómo reconstruye la naturaleza utilizando imágenes de fauna y flora.

De programador a creador

Refik Anadol se define como artista multimedios y director. Empezó programando computadoras y descubrió que, al crear programas informáticos, expandía su imaginación. Los elementos que utilizan las máquinas para comunicarse entre sí pueden convertirse en pigmentos digitales para crear una obra de arte, afirma.

En 2008 empezó a utilizar su propio software para crear arte. Acuñó la expresión “pintura de datos” cuando empezó a imaginar la pigmentación de los datos que nos rodean: el sonido, la visión, la Internet. Está convencido de que cualquier cosa en la vida que sea cuantificable puede convertirse en una obra de arte. Los datos no son sólo números, defiende, sino una forma de memoria y pueden adoptar cualquier forma.

Hace tiempo que trabaja con la inteligencia artificial y la inteligencia artificial generativa…

¿Tendencia o moda pasajera?

Obras generadas por inteligencia artificial que se venden por cifras elevadas en subastas, que ganan premios en concursos y que generan negocios por millones de dólares ponen en jaque el negocio del arte.

Alo largo de 2022 se produjo una masificación del uso de los generadores de imágenes de inteligencia artificial (IA) entre los usuarios de redes sociales. A diario, miles de personas vuelcan en herramientas como Dall-E, MidJourney o Stable Diffusion, escritas en lenguaje natural, consignas alocadas, creativas y sin límites y reciben sus respuestas en segundos.

A golpe de martillo

El primer gran llamado de atención de que algo estaba cambiando a gran velocidad lo dio Christie’s cuando decidió, en octubre de 2018, poner a la venta la obra Edward de Belamy, creada por el colectivo Obvious Art, con sede en París, y parte de un conjunto de cuadros de IA generativa llamado La famille de Belamy. Si bien el precio estimado no superaba los 10,000 dólares, salió a la venta por 432,500.

Fue, también, pionera al poner sobre la mesa la propiedad de estas obras de arte: la gente de Obvious habría usado el software de un tercero para su creación, por lo que se cuestiona que su participación en el “proceso creativo” es mínima.

La fiebre del arte inteligente

La explosión de arte generado por IA en las redes sociales tiene un correlato en el mundo de los negocios: durante un tiempo hubo insistentes rumores de que la londinense Coatue, la startup creadora de Stable Diffusion, podría ver ascender su valoración hasta los 500 millones de dólares. La empresa ya habría recaudado al menos 10 millones en un mes.

Un modelo de negocios

Dall-E 2, la otra estrella del arte digital del momento, podría tener entre manos un plan de negocios interesante, según un informe publicado en el blog de Nasdaq. Allí se consigna que los usuarios de la versión beta -una lista de espera de un millón de personas- pueden generar 50 imágenes gratuitas al mes y que, si desean seguir creando, deben abonar 15 dólares por cada 115 generaciones adicionales.

Recaudará 0.03 dólarespor imagen. La experta en gestión de activos Ark Invest estimó que el costo para generar la imagen no supera los 0.005 dólares. Es decir, el modelo de negocios estaría prometiendo un margen de ganancia del 80%. El desarrollo es de OpenAI, una entidad sin fines de lucro que tiene entre sus fundadores a Elon Musk.

Obras disruptuvas

Además, surgió un nuevo -y poderoso- llamado de atención: la Feria Estatal de Arte de Colorado, EE.UU., tuvo como ganadora a la obra Théâtre D’opéra Spatial, de Jason Allen, creada por el generador Discord de Midjourney. En su defensa, el artista asegura que dedicó 80 horas a completar su obra y que advirtió al jurado cómo había sido confeccionada.