Cantidad de migrantes se duplica en 20 años

Desde la antigüedad el ser humano ha estado en constante tránsito. Algunas personas se desplazan en busca de trabajo u oportunidades económicas, para reunirse con sus familiares o para estudiar. Otros se van para escapar de conflictos, persecuciones, del terrorismo o de violaciones o abusos a gran escala de los derechos humanos. Algunos lo hacen debido a los efectos adversos del cambio climático, desastres naturales u otros factores ambientales.

Cifras migratorias

El número de personas que vive en un país distinto de su país natal es mayor que nunca. Según la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DESA), en 2024, se estimó que el número de migrantes internacionales en todo el mundo era de casi 304 millones, cifra que casi se ha duplicado desde 1990. Los migrantes internacionales representan aproximadamente el 3.7% de la población mundial, en comparación con el 2.9% en 1990. Las mujeres migrantes constituían el 48% de los migrantes internacionales.

Migrantes y refugiados

Si bien la mayoría de personas migran por elección propia, otras migran por necesidad. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) calcula que, a finales de junio de 2024, el mundo acogió a unos 36.9 millones de refugiados. De ellos, 5.9 millones eran refugiados palestinos bajo el mandato del Organismo de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA), así como 8.4 millones de solicitantes de asilo.

Guerra

Las guerras y los conflictos provocan el desplazamiento de un número récord de personas. Desde Irán hasta Palestina, desde Ucrania hasta Sudán, la violencia ha desarraigado a millones de personas y seguirá empujando a más gente a emigrar.

Cambio climático

Los desastres relacionados con el clima, las sequías prolongadas y la inseguridad alimentaria ya están provocando el desplazamiento de personas de sus hogares y comunidades. El problema es que los marcos jurídicos existentes no reconocen adecuadamente a las personas desplazadas por el cambio climático.

Las personas que huyen de la sequía, la hambruna, las inundaciones y los desastres naturales no están clasificadas como refugiados en virtud de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, lo que significa que no pueden acceder a muchos derechos y protecciones. Y es esta falta de reconocimiento la que deja a las personas desplazadas por el cambio climático más expuestas a abusos de los derechos humanos, a la explotación y a la detención migratoria.

El desplazamiento inducido por el clima está transformando los sistemas migratorios. Si tratamos el número récord de personas que huyen de las crisis medioambientales como una cuestión aislada, en lugar de como una consecuencia de decisiones climáticas más amplias, corremos el riesgo de penalizar a las personas sin abordar las causas de fondo.

Expansión de las fronteras

Otra tendencia determinante es la expansión de la “externalización”, es decir, la práctica de trasladar el control de la migración más allá de las fronteras de un país.

En lugar de gestionar las solicitudes de asilo y las responsabilidades en materia de protección dentro de sus propios sistemas, los Estados intentan cada vez más impedir que las personas lleguen a sus fronteras, tramitar las solicitudes en otros países o devolver a las personas a terceros países donde se tramitan sus casos.

En todas las regiones, los gobiernos intentan cada vez más impedir que las personas lleguen a su territorio, o trasladarlas a otros países mediante acuerdos con terceros países, tramitación en el extranjero y financiación de medidas de control en el extranjero.

Gestión agresiva

La gestión de la migración se vuelve cada vez más agresiva

En muchos países, la migración se aborda como un problema de seguridad y se ha politizado cada vez más. Las personas migrantes y refugiadas se tratan como riesgos o amenazas, en lugar de como personas que buscan seguridad y oportunidades.

Mostrarse “duro” con la migración se ha convertido en una forma de que los gobiernos demuestren su fuerza, incluso cuando esos enfoques no funcionan realmente en la práctica. Cuando la migración y el desplazamiento se tratan como un peligro y se utiliza a las personas migrantes y refugiadas como chivos expiatorios para obtener beneficios políticos, las respuestas más duras y un enfoque cada vez más militarizado empiezan a parecer normales. La detención se vuelve más fácil de justificar, incluso cuando causa graves daños y contribuye poco a resolver los casos de las personas.

Una de las cuestiones clave para 2026 es si los gobiernos seguirán impulsando agresivamente la detención o si adoptarán políticas basadas en datos empíricos que realmente funcionen.

Tecnología y vigilancia

La tecnología se está convirtiendo en una de las herramientas más poderosas y menos reguladas de la gestión migratoria.

Los sistemas biométricos, los acuerdos de intercambio de datos, el uso de algoritmos y la vigilancia digital se están extendiendo en muchas regiones. Las herramientas automatizadas y los procesos de toma de decisiones basados en la inteligencia artificial se plantean cada vez más como soluciones a los atrasos y la ineficiencia.

Estas herramientas suelen presentarse como neutras, innovadoras o eficientes, pero, de acuerdo con la ONU, contribuyen a afianzar los prejuicios, reducir la transparencia y dificultar los procesos de impugnación de las decisiones.

Narrativas públicas

En 2026, las políticas seguirán la narrativa pública, y cambiar esa narrativa no será tarea fácil.

El contenido emotivo se difunde más rápido que los datos contrastados, sobre todo en las redes sociales, diseñadas para premiar la indignación y el sensacionalismo. Un simple eslogan —desde «detengamos los barcos» hasta «construyamos el muro»— puede llegar a millones de personas en cuestión de minutos, mientras que explicar cómo funcionan los sistemas de asilo o por qué la detención es ineficaz y perjudicial resulta mucho más complejo.

Esto es importante porque la opinión pública determina lo que los responsables políticos consideran aceptable. Cuando la opinión negativa alcanza un cierto nivel, las políticas que antes habrían suscitado preocupación se defienden más fácilmente. Las narrativas no solo reflejan la política, sino que dan forma a lo que se convierte en políticamente posible.

En 2026, el cambio de narrativa será más importante que nunca en los esfuerzos por poner fin a la detención migratoria y salvaguardar los derechos humanos.

Migración contra envejecimiento

La organización Labor Mobility Partnerships ha calculado que  los países de la OCDE habrán perdido en 2050 unos 92 millones de personas en edad de trabajar, mientras que el número de jubilados se incrementará en 96 millones. España, junto con Japón, Alemania y Corea del Sur, se encuentra al principio de la lista de países más vulnerables a este invierno demográfico. Y eso explica el interés por atraer migrantes. Las contribuciones de los nuevos trabajadores son esenciales para sostener el bienestar de un país.

Sólo en materia de remesas, las transferencias que realizan los migrantes al conjunto de países de ingreso medio y bajo triplicaron en 2024 el total de los fondos de la ayuda al desarrollo.

La Oficina Federal de Estadísticas ha calculado que Alemania necesitará hasta 680.000 profesionales adicionales de enfermería en los próximos 25 años.