El costo ambiental del encuentro mundial de futbol

Cada cuatro años, millones de personas viajan, los estadios se llenan y las ciudades anfitrionas del mayor torneo de futbol se convierten en el centro de atención mundial. El espectáculo ocurre dentro de la cancha; fuera de ella sucede algo que casi no se discute: el impacto ambiental de este encuentro.

Empecemos por las emisiones de gases de efecto de invernadero que contribuyen al calentamiento del planeta. Esta contaminación proviene, sobre todo, de los vuelos de muchos aficionados, de la construcción de estadios y del uso intensivo de energía durante el torneo.

Por ejemplo, el Mundial de Qatar 2022 generó entre 3.6 y 3.8 millones de toneladas de CO₂ equivalente, según estimaciones oficiales de la FIFA. Organizaciones independientes como Carbon Market Watch cuestionaron las cifras y argumentaron que las emisiones reales pudieron haber sido considerablemente mayores debido a la subestimación de la infraestructura y del transporte aéreo.

Otros mundiales también han tenido impactos ambientales significativos. Brasil 2014 y Rusia 2018 registraron elevados niveles de emisiones asociadas al transporte para cubrir las grandes distancias entre las ciudades sede, lo que incrementó significativamente el transporte aéreo de aficionados y equipos, según datos de la propia Federación.

Sin embargo, las emisiones de un mundial no dependen únicamente de la movilidad. De acuerdo con la UNAM, los inventarios de carbono muestran que también intervienen otros factores relevantes, como la construcción y la operación de la infraestructura, el hospedaje y la logística del evento.

En el caso de Qatar 2022, el transporte internacional y nacional representó aproximadamente el 52% de las emisiones totales; la infraestructura y los estadios, alrededor del 24%; el alojamiento, cerca del 18%; y la operación y la logística del torneo, aproximadamente el 6%. Estos resultados muestran que la distancia entre las sedes tiene un impacto ambiental, pero un Mundial también afecta al ambiente por el modelo de organización, la infraestructura utilizada y los patrones de movilidad, incluyendo el tipo de transporte utilizado y los consumos asociados al evento.

Generación de residuos

Además de la contaminación del aire, los mundiales generan enormes cantidades de basura. Pensemos en algo simple: cada partido implica miles de personas agrupadas en un estadio que consumen bebidas, alimentos y productos desechables. A eso hay que sumarle los desechos generados durante la construcción de estadios, que rara vez se toma en cuenta.

Aunque no existe una estimación histórica homogénea de los residuos totales generados por las Copas del Mundo, debido a diferencias metodológicas entre sedes, algunos torneos han reportado cifras parciales que permiten dimensionar el problema.

En el Mundial de Brasil 2014 se recolectaron alrededor de 416 toneladas de residuos durante cada partido y se recuperaron aproximadamente 420 toneladas de materiales reciclables, mediante programas de separación y recuperación implementados en estadios y espacios asociados al torneo, según Recycling Magazine. Adicionalmente, cerca de 840 pepenadores participaron en las actividades de recuperación y clasificación de materiales, lo que incorporó una dimensión social a la estrategia ambiental del evento.

Años más tarde, en Qatar 2022, los organizadores informaron que más de 2,000 toneladas de residuos fueron recicladas o compostadas y que entre el 77% y el 80% de los residuos generados en los estadios fueron recuperados mediante procesos de reciclaje, reutilización o compostaje. Estos datos muestran que, aunque los sistemas de gestión de residuos han mejorado en algunos torneos recientes, los grandes eventos deportivos continúan siendo un enorme desafío ambiental.

La Copa de 2026, al ser considerablemente mayor que las ediciones anteriores por abarcar tres países y ocurrir en estadios más grandes, podría aumentar significativamente la cantidad de basura generada en estadios, aeropuertos, hoteles, restaurantes, transporte público y en eventos paralelos.

Algunos estudios sobre grandes eventos deportivos y festivales sugieren que un asistente puede generar entre 0.5 y 2 kg de residuos en un día, dependiendo de sus patrones de consumo y de las características del evento.

Considerando la magnitud territorial y el elevado número de visitantes esperado, alrededor de 5.5 millones en México, la generación total de residuos podría ubicarse en el orden de decenas de miles de toneladas. Las estimaciones exactas dependerán de la duración de las estancias, los hábitos de consumo y los sistemas de gestión implementados.

¿Es posible un Mundial más sostenible?

El Mundial de 2026 es distinto de todos los anteriores. Por primera vez participan 48 selecciones y se disputan el primer lugar en 104 partidos repartidos entre México, Estados Unidos y Canadá. Es el torneo más grande en la historia de la Copa del Mundo y, precisamente por su tamaño, surge una pregunta inevitable ¿también será el de mayor impacto ambiental?

Los organizadores presentaron una Estrategia de Sustentabilidad y Derechos Humanos, con el objetivo de reducir los impactos ambientales y sociales asociados al torneo. La apuesta parece clara: si el evento crece en tamaño, también deberá hacerlo en materia de responsabilidad ambiental y social.

Una de las medidas más importantes consiste en aprovechar la infraestructura existente. A diferencia de otras ediciones, en las que fue necesario construir numerosos estadios e instalaciones desde cero, gran parte de las sedes del Mundial 2026 ya está en funcionamiento. Esto puede parecer un detalle menor, pero no lo es. La construcción de estadios requiere enormes cantidades de cemento, acero y energía, lo que genera emisiones significativas de gases de efecto invernadero. Utilizar las instalaciones existentes podría reducir parte de ese impacto.

La basura también forma parte del reto. Durante la competencia futbolera millones de personas consumen alimentos, bebidas y productos desechables; utilizan transporte, hoteles y espacios recreativos. Por ello, la estrategia contempla acciones para reducir residuos, fortalecer e impulsar el reciclaje, reutilizar materiales y disminuir el uso de plásticos de un solo uso.

Otro tema central es la movilidad. En 2021, la FIFA anunció medidas relacionadas con la eficiencia energética y el fortalecimiento del transporte público. Sin embargo, aquí surge uno de los mayores desafíos: las sedes están distribuidas en tres países y separadas entre sí por miles de kilómetros.

Estudios sobre mega eventos deportivos muestran que el transporte, especialmente los vuelos internacionales, suele ser una de las principales fuentes de emisiones ambientales. Esto representa una aparente paradoja. El Mundial de 2026 podría reducir sus impactos mediante el uso de infraestructura ya existente y reforzar la separación y reciclado de desechos, pero al mismo tiempo podría aumentar su huella ambiental debido a la enorme movilidad que implica trasladar a millones de aficionados entre países y ciudades.

Por otro lado, se ha impulsado la iniciativa del Arbor Day Foundation de reforestación en América del Norte con la meta de plantar un millón de árboles, junto con actividades comunitarias y educación ambiental en las sedes. Este tipo de acciones vincula el evento con restauración de ecosistemas, biodiversidad y resiliencia urbana. El organismo organizador también asocia sus torneos con programas educativos y comunitarios, buscando que el impacto del evento trascienda lo deportivo.

El torneo podría convertirse en un laboratorio internacional para evaluar si los grandes eventos deportivos son capaces de transitar hacia modelos más sostenibles o si, por el contrario, continúan reproduciendo patrones intensivos de consumo y presión ambiental. ¿Vale la pena el costo ambiental de estos eventos?

No es una pregunta sencilla de responder. Los mundiales generan empleo, turismo y beneficios económicos. Pero cada vez más, muestran un problema más amplio: vivimos en un modelo en el que los grandes eventos implican altos niveles de consumo y desperdicio. Un problema que a veces se invisibiliza.