El Niño y La Niña son fases opuestas de un patrón climático de origen natural conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Este fenómeno altera las temperaturas de las zonas central y oriental del Pacífico ecuatorial y, al mismo tiempo, conlleva cambios en la atmósfera situada sobre sus aguas.
Cada año, México atraviesa varias olas de calor con temperaturas extremadamente altas en distintas zonas del país.
Para que se forme una ola de calor es necesario que por lo menos durante tres días se presenten temperaturas por encima de un umbral conocido como el percentil 90, que trata sobre las temperaturas más altas registradas históricamente, aunque esto varía de región a región.
Hasta ahora, en la Ciudad de México, la temperatura registrada más alta había sido de 33.9 ºC, el 9 de mayo de 1998. Sin embargo, este récord se rompió el sábado 25 de mayo 2024, cuando se alcanzó una temperatura de 34.7 ºC. El 9 de mayo el termómetro marcó 34.2 ºC.
Históricamente el año más caluroso, por lo menos en la Ciudad de México, fue 1998. Durante ese entonces hubo una transición entre dos fenómenos atmosféricos: de un Niño muy intenso a una Niña muy intensa. Durante 2023 atravesamos por un Niño fuerte que inició alrededor de junio y su punto máximo fue entre noviembre y enero, y luego se empezó a debilitar a principios del 2024.
Ese mismo año, transitamos hacia una Niña fuerte. Esta transición provocó intensas olas de calor, según investigadores del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM, quienes destacan que el cambio climático, aunado con los cambios de uso de suelo, contribuyen al aumento en las temperaturas.
Este fenómeno no es exclusivo de México, en todo el mundo las temperaturas han aumentado año tras año. Los últimos ocho años han sido los más calientes desde que se tienen registros a escala mundial.
Dos fenómenos, una transición
Tanto “El Niño” como “La Niña” pertenecen a la oscilación climática conocida como El Niño-Oscilación del Sur (ENSO). El primero se refiere a la fase cálida, es decir a un calentamiento, y el segundo a la fase fría o a un enfriamiento recurrente en la superficie del océano Pacifico ecuatorial en la región que comprende 5°N y 5°S.
Las variaciones en el clima que suceden en México están en gran medida asociadas a la ocurrencia del ENSO. Este fenómeno natural es conocido. Los primeros registros de estas fluctuaciones de temperatura fueron reportados por el capitán peruano Camilo Carrillo en 1892, quien notó la existencia repetida de una corriente marina cálida en las costas normalmente frías de Perú.
Las aguas del Pacífico frente a Perú normalmente son frías (4ºC) y ricas en nutrientes debido a la corriente de Humboldt. Unos pescadores de este país sudamericano se dieron cuenta que, a veces, cerca de la época de Navidad (inicio de verano en Perú), el mar estaba más caliente de lo normal, por lo que le dieron el nombre de El Niño a este fenómeno en referencia al niño Jesús.
Tiempo después llamaron La Niña al fenómeno contrario, es decir, cuando el agua está más fría de lo normal, aseguran investigadores de la UNAM y agregan que aún no se conoce qué es lo que da origen a la formación de estas fases del ENSO, pero sí se sabe que están relacionadas con los vientos alisios
Los alisios
En el hemisferio Norte existe una corriente de vientos que soplan casi constantemente de este a oeste a los que se les llama vientos alisios, son muy importantes porque desplazan las masas de agua oceánica. En particular, en épocas neutrales (cuando no hay Niño ni Niña) en Perú desplazan las aguas cálidas superficiales rumbo a Oceanía y Asía, lo que permite que el agua profunda y rica en nutrientes ascienda a la superficie.
Durante los eventos de El Niño, estos vientos se debilitan de manera que se mueve menos agua hacia el oeste, por lo que la parte central y oriente del Pacífico (Ecuador) se calienta por arriba de los 5ºC. Esta enorme masa de agua cálida transfiere mucho calor a la atmósfera que se encuentra en medio del Pacífico ecuatorial, ya que el aire cálido y húmedo se eleva desde la superficie del mar.
Esto da lugar a sistemas de baja presión, lo que provoca lluvias abundantes en esta parte de los trópicos. Además, estos cambios generan que donde antes llovía mucho, llueva menos e incluso, se producen sequías, como en el oeste del Pacífico (Indonesia o norte de Australia).
En México, según investigadores de la UNAM, los veranos con el efecto de El Niño suelen ser secos y cálidos, lo que generalmente provoca serias sequías, incendios y escasez de agua. Sin embargo, durante el invierno, llueve principalmente en el norte del país.
En ocasiones, después del Niño, viene un enfriamiento muy brusco y se convierte en La Niña; aunque también ocurre este fenómeno sin que haya habido un Niño anterior.
Durante La Niña, los vientos normales de este a oeste se vuelven más fuertes, porque la masa de aire caliente es empujada hacia el oeste. Esto hace que el agua fría suba desde las profundidades del océano, lo que significa que las temperaturas de la superficie del mar son más frías de lo habitual en el Pacífico oriental.
En el centro y sur de nuestro país, durante la fase de La Niña, llueve mucho en verano (de julio a octubre) y se forman un número de ciclones importantes en el Océano Atlántico.
Durante el invierno llueve menos en comparación con otros años, por lo que hay sequía. Sin embargo, a largo plazo no podemos saber si va a seguir La Niña, es decir, no podemos predecir si durante diciembre lloverá o si podría haber sequía.
(Con información de la UNAM)

