A medida que los riesgos climáticos se intensifican en el mundo, la cultura se transforma en una palanca clave para mejorar la resiliencia en las comunidades y en las estrategias nacionales.
De acuerdo con el Foro Económico Mundial, al integrar el patrimonio cultural, los conocimientos tradicionales y la gestión comunitaria, las ciudades y los países pueden fortalecer su capacidad para adaptarse al cambio, cumplir los objetivos climáticos globales y diseñar soluciones regenerativas que conecten a las personas, los lugares y los ecosistemas.
Sin embargo, señalan los expertos, el papel de la cultura aún no se aprovecha lo suficiente en las políticas, la planificación y las finanzas climáticas, lo que limita la eficacia y la inclusividad de los esfuerzos de adaptación.
Fusión para aumentar la resiliencia
Ejemplos de todo el mundo demuestran cómo la fusión de la identidad cultural con la adaptación aumenta la resiliencia climática, desde los proyectos de restauración liderados por la comunidad en las favelas de Río de Janeiro (Brasil) hasta la protección de sitios del patrimonio maya a lo largo de la costa de México.
La actividad económica impulsada por el patrimonio es significativa; se espera que el mercado de este tipo de turismo alcance los 903,000 millones de dólares en 2033. Solo en Inglaterra, el sector aportó casi 45,000 millones de libras esterlinas en 2022 e impulsó más de 500,000 puestos de trabajo.
Custodios de la biodiversidad
Estudios indican que los conocimientos indígenas y los sistemas de conocimientos tradicionales son fundamentales, pero están insuficientemente utilizados. Los pueblos indígenas, que representan menos del 5% de la población mundial, custodian más del 80% de la biodiversidad del planeta, lo que demuestra el papel de los conocimientos indígenas y los derechos sobre la tierra en el mantenimiento de ecosistemas resilientes.
Una revisión de 2024 concluyó que los conocimientos indígenas son fundamentales para la adaptación, en particular en los sistemas de alerta temprana y la agricultura.
Resiliencia urbana impulsada por la cultura
Las ciudades se encuentran hoy en una encrucijada. El rápido crecimiento urbano, los riesgos climáticos y las desigualdades sociales amenazan las infraestructuras, los ecosistemas y la identidad cultural. La UNESCO estima que uno de cada seis sitios de patrimonio cultural ya se ve amenazado por peligros relacionados con el cambio climático (inundaciones, erosión costera, incendios forestales, calor extremo), y que el 70% de ellos se encuentra en zonas urbanas, lo que aumenta su vulnerabilidad.
Sin embargo, el patrimonio también ofrece soluciones climáticas poderosas. Las medidas climáticas que adoptan una perspectiva cultural tratan a las ciudades como paisajes vivos y multifacéticos, moldeados por la memoria, la identidad y los procesos naturales.
La integración del patrimonio a escala urbana fomenta la resiliencia, la cohesión y la gestión local.
Al incorporar estos elementos en la planificación urbana, podemos salvaguardar los ecosistemas y las tradiciones que son esenciales para la resiliencia a largo plazo.
Integrar la cultura en la acción climática
Los conocimientos tradicionales sobre ecología gozan de reconocimiento cada vez mayor en los marcos globales. La Plataforma de Comunidades Locales y Pueblos Indígenas de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) integra estos conocimientos en los procesos de adaptación. El Objetivo Global de Adaptación considera la integridad cultural además de la capacidad de adaptación, las vulnerabilidades y la resiliencia.
Alianzas mundiales como el Grupo de Amigos de la Acción Climática Basada en la Cultura y el Marco de los Emiratos Árabes Unidos para la Resiliencia Climática Mundial están incorporando la cultura en las estrategias de adaptación.
El Marco de los EAU, entre otras iniciativas complementarias, incorpora objetivos culturales, ecológicos y de infraestructura, al tiempo que realiza un seguimiento de la gestión de los sistemas de conocimiento.
Las iniciativas en el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima 2025 (COP30) hicieron seguimiento de la integración del patrimonio en la política climática mundial.
Proyectos como Descarbonizar el Entorno Construido a través del Patrimonio integran los conocimientos tradicionales y las prácticas históricas en las políticas de descarbonización, mientras que los Indicadores de Cultura 2030 de la UNESCO ayudan a medir la contribución de la cultura al desarrollo sostenible.
La Agenda Global de Investigación y Acción sobre Cultura, Patrimonio y Cambio Climático hace hincapié en la colaboración entre científicos, responsables políticos y custodios de conocimientos indígenas y locales para garantizar que las soluciones sean específicas para cada contexto cultural y ecológico.
Sin embargo, solo 20 de 65 países incluyen el patrimonio cultural en sus planes nacionales de adaptación.
Claves de la Alianza Baukultur de Davos
El informe del Foro Económico Mundial De los Principios a la Práctica: Enfoques para una Baukultur [Construcción Cultural] de Alta Calidad identifica cuatro estrategias que muestran cómo las medidas climáticas basadas en la cultura pueden proteger los espacios, las prácticas y las identidades culturales, al tiempo que fomentan la resiliencia:
Aprovechar los conocimientos indígenas y tradicionales para un desarrollo urbano resiliente al clima. Las comunidades están aplicando técnicas de bajo impacto, como palafitos o estructuras de tierra compactada, a proyectos modernos, demostrando cómo las prácticas ancestrales reducen las emisiones, mejoran la resiliencia y contribuyen al diseño sostenible.
Incorporar el patrimonio y los conocimientos en la gobernanza, el uso de la tierra y la gestión. Se integran las narrativas culturales y la gestión indígena en la planificación, la gestión de la tierra y las políticas, garantizando que las estrategias reflejen la historia local y las prácticas ecológicas.
Utilizar la narrativa y el diseño para involucrar a las comunidades e inspirar acciones sistémicas. La transmisión de historias a través de tradiciones orales, experiencias inmersivas o diseño especulativo traduce los desafíos climáticos en narrativas con las que es posible identificarse, lo que fomenta la empatía, la responsabilidad colectiva y las soluciones de adaptación.
Colaboración multisectorial (gobierno, sector privado y sociedad civil) para crear soluciones conjuntas. Las alianzas entre múltiples partes interesadas integran el patrimonio, los conocimientos locales y las necesidades de la comunidad; los proyectos exitosos combinan los conocimientos indígenas, la conservación y la participación del sector privado para fortalecer la resiliencia y restaurar los ecosistemas.
Estos enfoques vinculan la acción local con iniciativas globales, mostrando la cultura como motor e indicador de la resiliencia.
Acciones climáticas lideradas a nivel local
Ciudades y comunidades de todo el mundo están demostrando cómo las acciones climáticas impulsadas por la cultura transforman a las personas y los lugares.
Un informe del Foro Económico Mundial destaca el Parque Ecológico Lago de Texcoco, en la Ciudad de México, que transformó lo que iba a ser un aeropuerto en un humedal de 14,300 hectáreas. El proyecto restauró hábitats, implementó medidas de mitigación de inundaciones y preservó la importancia histórica del lugar, fomentando el ocio, la educación y los medios de vida sostenibles.
Implementación, inclusión, innovación
Las comunidades, los pueblos indígenas y los custodios del conocimiento local ya están liderando la acción climática mediante prácticas regenerativas de gestión de la tierra, relatos orales, diseño sostenible y participación local.
Sin embargo, estos esfuerzos requieren compromiso político, inversión sostenida e integración de la cultura en los marcos climáticos.
La cultura y el patrimonio deben impulsar la resiliencia para regenerar los ecosistemas y empoderar a los ciudadanos.

