Los cuidados no son tareas exclusivamente femeninas

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer, el trabajo no remunerado considera principalmente el trabajo doméstico y el cuidado de niños, niñas, personas de la tercera edad, personas con discapacidad y/o personas enfermas.

La doctora Estela Roselló Soberón, investigadora en el Instituto de Investigaciones Históricas e Investigadora Asociada del Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, explica que la división histórica del trabajo se debe principalmente a las sociedades patriarcales y también a una cultura católica.

La religión reforzó mucho la idea de que las mujeres tenían que quedarse en su casa, ser madres de familia y esposas virtuosas, que se dedicaran a cuidar y sacrificarse por los hijos y por las hijas.

En ese esquema de familia tradicional católica que todavía está muy vigente en muchas partes de nuestro país, las mujeres se encargan de la mayor parte del cuidado de los hijos, de los adultos mayores, de los enfermos, de las personas con discapacidad que viven con ellas. 

Mantener un hogar; las actividades de entretenimiento y esparcimiento; cuando aplica, los gastos de la escuela de los hijos o la salud de los enfermos no es posible con un solo ingreso de uno de los integrantes de la familia. Es por ello que, desde hace varias décadas, las mujeres se han incluido como proveedoras en la economía familiar.

Sin embargo, las labores del hogar y el cuidado las debe seguir haciendo alguien. Pocas personas tienen el privilegio o la capacidad económica para contratar a quien resuelva estos temas para no duplicar o triplicar sus funciones.

La también Coordinadora del Proyecto de Cuidados para la vida y el bien común del C3 considera que las batallas feministas, la necesidad de los propios hombres de redefinir su masculinidad o paternidad, así como las necesidades económicas, la tendencia del cuidado ha ido cambiando y las cifras -aunque siguen en su mayoría cargadas a las mujeres- son muy diferentes a lo que sucedía en los años ochenta o noventas.

Cuidar a los enfermos

En prácticamente todo el mundo, pero especialmente en nuestro país, ocurre una transición demográfica en la que hay menos nacimientos y más sociedad de 60 años de edad o más.

Aunado a que las enfermedades crónicas no transmisibles (cáncer, infartos al miocardio, enfermedad pulmonar obstructiva, diabetes, demencia, etc.) que más afectan a la población mexicana pueden derivar en alguna discapacidad y/o dependencia que puede exigir cuidados a largo plazo.

Según el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores, las actividades que realizan las personas cuidadoras son:

  • Supervisar y apoyar en las actividades de la vida diaria (baño, alimentación, vestido, movilidad, etcétera).
  • Acompañar y dar contención emocional.
  • Colaborar en el cuidado de la salud (toma de signos vitales, compra y administración de medicamentos).
  • Planear actividades rutinarias.
  • Apoyar en actividades del hogar.
  • Resolver situaciones conflictivas.

El INEGI, con la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (Enasic) 2022 corroboró que en México se estiman 58.3 millones de personas susceptibles de recibir cuidados en los hogares, cifra que se conforma por personas con discapacidad o dependientes.

Las personas dependientes tienen dificultad para ver, incluso con lentes; oír, incluso con aparato; caminar, subir o bajar; recordar o concentrarse; bañarse, vestirse o comer; hablar o comunicarse; mover o usar sus brazos o manos; y/ o a las personas con algún problema o condición mental que no podría vivir sola.

Esta encuesta mostró que, del total de personas de 15 años y más en el país, 31.7 millones (32.0 %) brindaron cuidados a integrantes del propio hogar u otros hogares. De estos, 75.1 % era mujer y 24.9 %, hombre.

La doctora Estela Roselló explica que esta actividad dignifica a la persona cuidadora, pero no siempre es satisfactorio, porque cuidar no es fácil y, en ese sentido, puede ser una actividad profundamente agotadora que genera sensaciones de cansancio, frustración, enojo, tristeza, hastío y hasta también es válido que algunas de las acciones de cuidado generen asco.

Asegura que la carga cotidiana para quien cuida, conlleva muchos esfuerzos físicos, mentales y emocionales. Y si no hay reconocimiento, remuneración o agradecimiento, se genera una sensación de mucha frustración.

Señala que la mayor dificultad para las personas cuidadoras es que no cuentan con el apoyo de instancias gubernamentales de proyectos del Estado que faciliten las tareas de cuidados para la población más vulnerable.

Es decir, en el momento en que los estados dejan solas a las personas para que se hagan cargo ellas de manera individual de sus seres vulnerables, discapacitados, enfermos, niños, ancianos; eso genera una enorme soledad, una enorme sensación de impotencia y de trabajo que no se puede enfrentar fácilmente.

Reitera que el cuidado muchas veces es algo que “nos toca” o que se hace por obligación, implica trabajo y genera diversas sensaciones difíciles; pero cree que, si se realiza en compañía, puede cambiar en distintos niveles como el emocional, mental o físico. La carga se reduce o se comparte.

¿Cómo acompañar en los cuidados?

A nivel nacional los cuidados son concebidos como una responsabilidad primaria de las familias. Sin embargo, en México, los cuidados familiares han recaído en las mujeres integrantes de la familia. A este fenómeno se le conoce como feminización del cuidado.

Especialistas señalan que diversos actores y sectores tienen que asumir las responsabilidades para cuidar y a quién cuidar:

Familia, cualquiera que sea. Que sean núcleos proveedores de una sensibilidad amorosa, compasiva, no violenta que ayude a la ciudadanía a crecer en una nueva cultura de los cuidados.

Iniciativa Privada. Apoyar en combatir desigualdades porque el mercado de cuidados está enfocado en personas con poder adquisitivo.

Estado: Proveer la infraestructura, los servicios, medicamentos, equipos y todos los insumos necesarios para que las personas que cuidan puedan cuidar de manera digna, adecuada tranquila, pacífica, sin preocupaciones del acceso a esas herramientas especializadas.

Comunidades. Que sean núcleos proveedores de apoyo, de red, de sensibilidad amorosa, compasiva, no violenta.

Academia y el sector educativo. Brindar los conocimientos, los valores, la nueva ética ciudadana: Hay que educar en una nueva cultura de los cuidados a las ciudadanías globales del siglo XXI, que tienen que estar unidas a partir de esta conciencia de su vulnerabilidad y de las de los demás.

Ciudadanía. Más allá de pensar ¿Quién me va a cuidar a mí, en algún momento cuando lo necesite? Es indispensable que esa ciudadanía piense y se haga consciente de a quién voy a cuidar yo también. Porque el cuidado tiene que ser una acción recíproca, corresponsable, de ida y vuelta.

No perder la humanidad

El trabajo conjunto es la mejor forma de llevar a cabo el cuidado, pues en en otras sociedades se ha demostrado que, aunque el Estado tenga en funcionamiento todo para cuidar a los vulnerables (infancias, personas mayores, con discapacidad o que viven con alguna enfermedad), no puede brindar elementos humanos básicos como compasión y compañía.

Es decir, el Estado no podría sustituir el cariño, la compañía, la escucha, el habla, el tiempo compartido. La unidad entre el cuerpo, mente y la emoción de quien nos acompaña es muy importante. La persona es indispensable en las acciones de cuidado: el contacto corporal, la presencia de los otros acompaña y nutre.

Entonces, el cuidado no sólo es esfuerzo físico o de tiempo, también es compañía. A veces pasa que a quienes cuidamos no los volteamos ni a ver, no los escuchamos, no los hacemos parte de actividades.

El abandono y la soledad son grandes males de nuestros tiempos, y ahí el cuidado tiene un lugar importantísimo y no es algo que podamos seguir depositando solamente en las mujeres.

Eso ya está completamente rebasado, no solamente por lo injusto que ha sido, sino por lo caro que resulta y porque hoy las mujeres y los hombres y las personas sexo divergentes -que definen sus identidades desde otros lugares- se han dado cuenta o nos hemos dado cuenta de que todos, o bueno, al menos muchas y muchos somos capaces de cuidar y necesitamos ser cuidados.