La realeza británica enfrenta su peor crisis, pero cuenta con apoyo popular

Andrew Mountbatten Windsor, hermano del rey Carlos III fue arrestado el 19 de febrero. La policía registraba dos propiedades reales, y los comentaristas de noticias discutían sin parar los detalles de un escándalo sexual con tentáculos que se extendían hasta las puertas del Palacio de Buckingham.

¿Cómo pasó la tarde del jueves la familia real británica? El rey se sentó en primera fila el primer día de la Semana de la Moda de Londres. La reina Camila asistió a un concierto a la hora del almuerzo y la princesa Ana visitó una prisión.

La decisión de continuar con sus deberes reales fue más que un simple ejemplo del estoicismo británico ante la mayor crisis de la monarquía en casi un siglo. Fue el primer acto de la lucha de la Casa de Windsor por su supervivencia, mientras el arresto del ex príncipe Andrew amenaza con socavar el respaldo público a la monarquía.

Después de comprometerse a apoyar la investigación policial sobre la amistad de su hermano con el fallecido delincuente sexual convicto Jeffrey Epstein, el rey enfatizó sus intenciones.

“Mi familia y yo continuaremos con nuestro deber y servicio hacia todos ustedes”, dijo en una declaración firmada “Charles R.”.

La mayor crisis desde la abdicación de 1936

El simple hecho de que Carlos hiciera esa declaración demostró la magnitud del problema creado por el arresto del hermano del rey, de 66 años, ahora conocido como Andrew Mountbatten Windsor, quien fue detenido durante 11 horas y luego liberado bajo investigación, lo que significa que no fue acusado ni exonerado.

El acontecimiento fue tan sin precedentes que los comentaristas tuvieron que remontarse a la década de 1640, al arresto y ejecución del rey Carlos I durante la Guerra Civil Inglesa, para encontrar un paralelo.

El arresto de Mountbatten Windsor bajo sospecha de mala conducta en un cargo público se perfila como la mayor crisis de la monarquía desde que Eduardo VIII abdicó en 1936 para casarse con una divorciada estadounidense, Wallis Simpson.

Ese escándalo debilitó el apoyo público a la monarquía, que no se recuperó por completo hasta 15 años después. El cambio de rumbo solo se produjo después de que el sucesor de Eduardo, el rey Jorge VI, se negara a huir de Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial, demostrando así su solidaridad con una nación devastada por las bombas nazis.

Incluso antes de ascender al trono, la reina Isabel II siguió el ejemplo de su padre y prometió públicamente su vida al servicio de Gran Bretaña.

Pero aunque el impacto de la abdicación de Eduardo persistió durante años, la crisis alcanzó su punto álgido en pocos días. Y la solución en ese caso fue relativamente sencilla: Eduardo se hizo a un lado y su hermano mayor ocupó su lugar.

En cambio, el drama que rodea a Andrew Mountbatten Windsor parece no tener fin.

No hay una ‘ruta clara hacia adelante’

La crisis actual se deriva de las revelaciones sobre la relación entre el ex príncipe y Epstein, descubierta cuando el Departamento de Justicia de Estados Unidos publicó millones de páginas de documentos el mes pasado de su investigación sobre Epstein.

Antes, la policía citó que Mountbatten Windsor envió información comercial a Epstein en 2010, cuando el ex príncipe era enviado especial de Gran Bretaña para el comercio internacional.

Al menos ocho fuerzas policiales del Reino Unido han dicho que investigan los señalamientos que surgieron en los documentos.

En comparación con escándalos reales anteriores, “esta vez no parece haber una ruta clara a seguir”, dijo Ed Owens, autor de Después de Isabel: ¿puede la monarquía salvarse a sí misma?. “No hay un plan a seguir” en términos de cómo la monarquía y las organizaciones asociadas lidian con las acusaciones.

La última vez que la monarquía tuvo que gestionar un asunto similar fue tras la muerte de la princesa Diana, exesposa de Carlos. Isabel y Carlos fueron criticados por no responder a las manifestaciones de dolor público, cuando decenas de miles de personas acudieron a los Jardines de Kensington para depositar flores frente a la casa de la difunta princesa. Algunos incluso exigieron que Carlos renunciara a su cargo como heredero al trono en favor de su hijo William.

Posteriormente, la reina encargó grupos de discusión para comprender mejor el estado de ánimo del público y determinar por qué la gente sentía tanta afinidad por una persona a la que nunca habían conocido. La crisis obligó a la realeza a reconocer que el toque personal de Diana había conectado con la gente de maneras que aún no se le habían ocurrido a la Casa de Windsor.

Desde entonces, esas lecciones han inspirado a otros miembros de la realeza, incluidos los hijos de Diana, los príncipes William y Harry, a ser más informales y accesibles.

Pero este momento es diferente, en parte porque tiene lugar en un entorno mediático que cambia rápidamente en un momento en que la gente exige transparencia a sus líderes.

La familia podría enfrentarse a preguntas incómodas

Seguir adelante también implica enfrentarse a preguntas incómodas sobre lo que la institución —y los propios familiares— pudieron saber de las actividades de Mountbatten Windsor. El palacio ha intentado trazar una clara línea divisoria entre el expríncipe y el resto de la monarquía al despojarlo de sus títulos, incluido el derecho a ser llamado príncipe.

En otro golpe para el ex príncipe, el gobierno británico está considerando eliminarlo formalmente de la línea de sucesión a la corona. A pesar de perder su estatus y sus honores, Andrés sigue siendo el octavo en la línea de sucesión al trono. Esto solo puede cambiarse mediante legislación.

Carlos es el primer monarca “que debe cumplir con nuestras expectativas de figuras públicas, que son rendir cuentas y dar explicaciones”, afirmó Craig Prescott, experto en realeza de Royal Holloway, Universidad de Londres. “Siempre hay que esforzarse para ganarse el apoyo del público. Y eso es un reto particular cuando uno se enfrenta a una controversia como la de Andrew Mountbatten Windsor”.

Los críticos argumentan que la monarquía tardó en responder a la presión, dado que los vínculos de Mountbatten-Windsor con Epstein se han discutido durante más de una década.

El mejor resultado para la monarquía es que la investigación policial se centre únicamente en la información de los archivos de Epstein y su relación con Mountbatten Windsor. El peor resultado sería que la policía ampliara sus investigaciones a lo que la institución en su conjunto podría haber sabido y cuándo.

Firmes junto al rey

Con el escándalo pendiendo sobre sus cabezas, YouGov, una compañía internacional de investigación de mercados y análisis de datos, revela que el apoyo a la monarquía británica sigue estable, con una imagen liderada por William y Kate.

Andrew, Harry y Meghan concentran los mayores niveles de desaprobación en el ranking.

Aunque la detención del expríncipe Andrew y las revelaciones sobre sus vínculos con Jeffrey Epstein generaron una de las mayores crisis de la monarquía británica en décadas, los últimos sondeos de opinión sugieren que el soporte institucional permanece mayoritariamente estable.

La encuesta más reciente publicada por la consultora YouGov el 16 de enero, previa a la detención del exduque de York, muestra que el 64% de los británicos cree que el Reino Unido debe seguir teniendo una monarquía, una cifra consistente que indica poca disposición a reemplazar la institución por un sistema republicano.

Los británicos, la monarquía y la Casa Windsor

A pesar de los escándalos que sacudieron la imagen pública de la Casa Windsor, las opiniones hacia la familia real siguen siendo mayoritariamente positivas:

Entre el 57% y el 59% de los británicos posee una opinión favorable de la familia real en general y de la institución monárquica, aunque un importante 33%–34% la ve de forma negativa.

El 60% de los consultados tiene una opinión positiva del rey Carlos III, frente a un 31 % con percepción desfavorable.

El príncipe William y Kate Middleton, los herederos al trono, mantienen altos índices de aprobación, con entre 74% y 77% de opiniones favorables, cifras prácticamente inalteradas en los últimos meses.

La princesa Ana también goza de gran popularidad, con un 70% de valoración positiva.

Estos datos revelan que, si bien existe descontento entre una parte significativa de la población, el apoyo a la monarquía como institución no se desplomó del todo ante las controversias recientes.

Andrew Mountbatten Windsor, reprobado

El contraste con la valoración de Andrew es marcado: solo 3% de los británicos tiene una opinión positiva de él, el nivel más bajo registrado por YouGov hasta la fecha, mientras que un contundente 90% lo ve de forma negativa.

Este rechazo fue acompañado de un fuerte respaldo público a acciones concretas: según otro sondeo de la misma firma publicado este mismo mes, el 82% de los encuestados considera que Andrew debería ser excluido de la línea de sucesión al trono, una respuesta que refleja la pérdida de legitimidad del exduque incluso dentro de sectores tradicionalmente monárquicos.

La encuesta de YouGov muestra un mapa de opinión pública con marcadas diferencias dentro de la familia real británica. Mientras los príncipes William y Kate encabezan el ranking con niveles de aprobación superiores al 70%, otras figuras acumulan elevados porcentajes de imagen negativa.

El contraste más pronunciado se observa, como ya vimos, en el caso de Andrew Mountbatten Windsor, pero también en los duques de Sussex, Harry y Meghan, que registran más opiniones desfavorables que positivas.

Una monarquía estable pese a la crisis reputacional

Pese a la turbulencia interna y la cobertura internacional sobre la detención de Andrew, expertos y legisladores coinciden en que la base de apoyo a la monarquía permanece sólida, aunque con ciertas tensiones, especialmente entre generaciones más jóvenes.

Y es que el escándalo del exduque reinició el debate sobre la relevancia y el papel de la Corona en el siglo XXI, pero no provocó una caída abrupta de la institucionalidad ni de su respaldo popular en líneas generales.

Statista acota que este apoyo está estrechamente relacionado con  la edad , ya que los grupos de mayor edad son mucho más propensos a apoyar la monarquía que los más jóvenes. Solo el 40 % de los jóvenes de entre 18 y 24 años apoyó la monarquía, en comparación con el 82 % de los mayores de 65 años.

El resultado de estas encuestas sugiere que, incluso en momentos de crisis, la monarquía británica conserva una mayoría de respaldo entre la población, apoyada en figuras como el rey Carlos III y los príncipes William y Kate. No obstante, el rechazo masivo a Andrew subraya las fracturas internas en la percepción pública, marcando un antes y un después en la valoración de los miembros de la familia real.

¿Cuales han sido los mayores cambios en popularidad?

En los últimos años de su reinado, la Reina fue vista generalmente con buenos ojos por el público británico, a pesar de algunos cambios significativos en la opinión sobre otros miembros de la Familia Real, de acuerdo con Statista. En particular, el príncipe Harry, quien alguna vez fue uno de los miembros más populares de la Familia Real, ha visto caer la proporción de británicos que lo ven con buenos ojos del 71% en 2019 a tan solo el 25% en mayo de 2023. El actual monarca, Carlos III, ganó popularidad gradualmente durante un período similar, con un 66% de opinión positiva sobre él en febrero de 2024, en comparación con el 58% en 2020.