La importancia de observar la democracia

Tras las elecciones de 1988 y 1994, la industria de las encuestas comenzó a consolidarse.

En el periodo entre 1994 y 2000 nacieron muchas empresas encuestadoras y diarios de circulación nacional fortalecieron sus áreas de investigación y comenzaron a medir de manera periódica temas como la aprobación presidencial.

La elección del año 2000 se caracterizó por el fortalecimiento de instituciones electorales como el Instituto Federal Electoral, y los cambios en la cultura política mexicana que llevaron a la ciudadanía a llevar por primera vez a la presidencia a un partido de oposición.

Durante esos comicios se levantaron cerca de cincuenta encuestas. Revistas como Nexos realizaron seguimiento de las encuestas publicadas y pusieron a debate su calidad y veracidad.

Durante aquella elección las encuestas se convirtieron en un referente. Los candidatos se proclamaban triunfadores a partir de sus propios sondeos y los resultados de las distintas casas encuestadoras no daban un pronóstico claro del triunfador, lo cual generaba una enorme incertidumbre en el electorado. En junio de aquel año, por ejemplo, El País publicó un artículo en el que se afirmaba que Fox y Labastida estaban empatados en los sondeos electorales, citando declaraciones de ambos candidatos.

Las encuestas de opinión fueron utilizadas por las distintas fuerzas políticas como mecanismos para la inducción del voto a partir de intentar mostrar a los electores que el candidato de su partido llevaba la delantera en la preferencia electoral.

Si en 1994 el problema central era la validez y la legitimidad del instrumento, en 2000 se tornó en un mecanismo más en las manos de los asesores de campaña y en un instrumento al servicio de las estrategias de campaña, pues dejaron de escucharse discusiones respecto al tamaño de la muestra y la forma y el tipo de muestreo, a cambio de descalificaciones anticipadas, principalmente por parte de algunas empresas encuestadoras.

Así, después de una buena racha para la industria durante las elecciones del 1994, en la cual, pese a las diferencias metodológicas, las casas encuestadoras coincidieron con el resultado final, en el año 2000 el prestigio de las encuestas se puso en duda, ya que se habían convertido en noticia y herramienta de campaña y no solo en un instrumento de investigación social.

Hoy, el principal desafío de los estudios demoscópicos es analizar diversos marcos que permitan identificar posibles fuentes de error poco exploradas en nuestro país. Por ejemplo, cómo se explica la no respuesta en las encuestas en nuestro país; cuáles son los efectos generados en los resultados finales al realizar encuestas telefónicas, en vivienda o por internet; o qué efectos generan los entrevistadores en campo al realizar una encuesta, entre otros.

Lo cierto es que luego de décadas de ejercicios y pruebas de encuestas e investigación electoral, resulta impensable un proceso electoral que no venga acompañado de sus respectivas mediciones. La demoscopia (cuyo significado etimológico es observar la democracia) se ha consolidado hoy como un actor fundamental del juego democrático.