La aprobación pública de la figura presidencial desempeña un papel fundamental en el poder y la legitimidad con los que cuenta y en el éxito potencial que pueden tener sus decisiones de política.
Un presidente con altos niveles de aprobación cuenta con un mayor margen de maniobra para negociar con los partidos de oposición en la legislatura y con los gobiernos subnacionales para obtener su apoyo en la implementación de sus políticas.
Con todo, no es evidente ni qué determina que el ciudadano califique bien o mal al Presidente, por una parte, ni qué temas o asuntos tome en cuenta para evaluar al que está en turno, por otra. ¿Será acaso el económico, como no pocos han apuntado ya, el tema que descuelle por sobre los demás en su evaluación?
Es fama que las mediciones de aprobación presidencial se utilizan para conocer cómo los ciudadanos evalúan la gestión gubernamental del presidente en turno.
Altos niveles de popularidad presidencial pagan dividendos electorales tanto para el Presidente, como para su partido, a más de afectar sus objetivos de política, su estrategia legislativa y las probabilidades de triunfo en la promoción de su agenda.
Por lo que toca a México, es interesante señalar el efecto de arrastre que hay entre la aprobación presidencial y la evaluación de otras agencias o entre aquélla y la política local.
Académicos y expertos han dedicado no poca de su atención a tratar de explicar la dinámica detrás de la opinión pública y la aprobación presidencial. La investigación sobre aprobación presidencial constituye uno de los esfuerzos que más se ha multiplicado en la Ciencia Política.
La gran mayoría de ese trabajo se ha concentrado en analizar tendencias de aprobación con datos agregados, es decir documentar la importancia causal de asuntos como la economía, la guerra y la cobertura de medios en la formación de la opinión ciudadana sobre el desempeño del Presidente.
A finales de los ochenta y principios de los noventa, la bibliografía sobre la aprobación presidencial vivió una suerte de renacimiento, que fue la respuesta a un nuevo enfoque sobre opinión pública, el cual atendió especialmente los esfuerzos específicos de políticos, partidos y élites para moldear y cambiar las actitudes y el comportamiento políticos de los ciudadanos.
La bibliografía que sobre la aprobación presidencial se basa en datos individuales se concentra en distintas visiones de cómo los individuos conectan sus percepciones sobre la economía con la evaluación del titular del Ejecutivo.
Un lado argumenta que el público, en el agregado, actúa de manera sofisticada al castigar o premiar a los presidentes, basándose en sus expectativas de desempeño económico futuro; otro, que el público evalúa condiciones pasadas y presentes para castigar o premiar a la figura presidencial.
Además de tomar en cuenta la economía y los eventos que automáticamente suscitan que se apoye a la persona a cargo del Ejecutivo, diferentes estudios incorporaron las bases del comportamiento individual y corroboraron que las condiciones económicas y las percepciones afectan la aprobación presidencial, al igual que la forma en la que los presidentes lidian con crisis nacionales e internacionales.


