La aprobación presidencial se ha convertido en un ejercicio para medir el capital político del gobernante en turno, sin embargo, por su propia naturaleza es una construcción social que ha puesto en jaque a las casas encuestadoras respecto a los métodos y estrategias que deberían usar para conseguir indicadores que permitan el debate público.
La discusión sobre la aprobación presidencial es necesaria porque hay diferentes visiones de cómo se está midiendo este dato en nuestro país, sobre todo por las diferencias entre uno y otro respecto a un mismo tema.
Hoy tenemos una figura presidencial con carisma, con buena imagen, en donde las políticas públicas o programas implementados se están dejando a un lado por parte de los ciudadanos.
La aprobación presidencial permite medir el apoyo popular y el capital político del presidente durante su mandato.
En el caso de López Obrador, conservó buenos índices de aceptación y la afinidad partidista tuvo importancia con la aprobación a la figura presidencial.
Hoy día, las encuestas de aprobación presidencial le dan un peso importante a los ejercicios telefónicos y por internet.
Las encuestas evalúan la aprobación en términos de popularidad, determinando el capital político del gobernante.
De acuerdo con especialistas, vivimos un fenómeno de polarización y nos desacostumbramos a dialogar con el otro, cuando piensa totalmente diferente de nosotros; seguimos a quienes piensan igual y nos bloqueamos ante quienes piensan difetencia; de esta forma desatendemos el diálogo y buscamos el dato que sostenga nuestro punto de vista.


