La Ciudad de México cuenta con aproximadamente 40 crematorios en total, 22 son operados por el gobierno capitalino y el resto son de iniciativa privada.
Durante picos de mortalidad, como en la pandemia de COVID-19, la capacidad de estos crematorios se vio rebasada, operando al límite de su capacidad.
En la capital del país, entre 2014 y 2017, el destino final de 50% de los capitalinos fue la cremación, de acuerdo con datos de la Consejería Jurídica y Servicios Legales de la CDMX (Cejur). En esos tres años se realizaron 74,731 incineraciones. Un promedio de 25 mil al año. En los panteones privados fue en donde esta práctica creció, al pasar de 16 mil a 18 mil 156 en ese periodo.
El negocio de la cremación
Aunque la tradición del entierro difícilmente se perderá, sí hay una evolución importante en la forma de ver el ritual de la muerte; en especial en las grandes ciudades, según investigadores de la UNAM, por eso es lógico que los hornos de cremación se concentren en entidades como Monterrey, Guadalajara, Veracruz, Puebla, Querétaro y Ciudad de México, según los datos de Incimex.
La cremación y la calidad del aire
Si bien la cremación gana terreno, lo cierto es que la rodea la falta de transparencia sobre el impacto ambiental de las emisiones de los hornos crematorios.
La regulación de las emisiones
Una de las cuestiones relacionadas con este tipo de instalación es la contribución de la cremación a las emisiones nacionales totales.
Los expertos aseguran que es relativamente insignificante su contribución a la contaminación, pero acotan, es preciso estudiar la cantidad de emisiones y sus componentes.
El número de estudios sobre los riesgos potenciales derivados de las emisiones de un crematorio son pocos.
Algunos de los gases que se desprenden de los crematorios, tales como el dióxido de nitrógeno (NO2), el monóxido de carbono (CO), el dióxido de azufre (SO2) y los hidrocarburos aromáticos policíclicos, no se evalúan habitualmente.
Recomendaciones para reducir las emisiones
Para la reducción de emisiones, algunos organismos como la Comisión de Helsinki – Protección del Medio Marino del Báltico Comisión (Helcom) han hecho recomendaciones y existen manuales de operación como el elaborado por el Department for Environment, Food and Rural Affairs (DEFRA) del Reino Unido. Este organismo también reguló que a partir de finales del 2012, los hornos crematorios redujeran en un 50 % las emisiones de mercurio.
También existe el “Borrador de las directrices sobre MTD y MPA conforme al Articulo 5 y el Anexo C del Convenio de Estocolmo sobre los contaminantes organicos persistentes” elaborado por la Secretaría del Convenio de Estocolmo sobre los contaminantes orgánicos persistentes que incluye medidas sobre los crematorios funerarios.
La legislación europea es muy exigente con las instalaciones de combustión y las medidas de protección de la calidad del aire. Las instalaciones de cremación funeraria están incluidas entre ellas.
Las emisiones de un crematorio
Las principales emisiones de los crematorios, monitorizados por el European Monitoring and Evaluation Programme (EMEP) son óxidos de nitrógeno, monóxido de carbono, dióxido de azufre, partículas, mercurio, compuestos orgánicos volátiles no metanoides (COVNM), otros metales pesados y algunos componentes orgánicos persistentes (COP).
Las tasas de emisión dependen del diseño del crematorio, la temperatura de combustión, el tiempo de retención del gas en la cámara secundaria, el diseño del conducto, la temperatura del conducto y otros dispositivos de control del horno.
El dióxido de carbono resultante en la combustión de cada cremación libera alrededor de unos 400 kilos de CO2 a la atmósfera (dato basado en el cálculo de 0,4 kg de CO2 x kWh). De todas estas, sólo 27 kg de CO2 corresponden al cadáver.
Las partículas inorgánicas, como polvo, hollín, cenizas y otras partículas no quemadas se originan en el contenedor de cremación junto con los restos humanos y otros contenidos del contenedor.
Las partículas orgánicas a base de carbono deben eliminarse en la cámara de combustión secundaria y mediante un ajuste y funcionamiento adecuados del equipo de cremación.
El monóxido de carbono resulta de la combustión incompleta de los restos humanos, del tipo de combustible y de otros elementos relacionados como la composición de las fibras textiles del féretro. Este gas puede minimizarse mediante el ajuste durante la operación dependiendo de los equipos de cremación.
El dióxido de azufre se produce a partir de la combustión de los combustibles fósiles, de la madera de los féretros y el contenido del mismo. El contenido de azufre del gas natural y los restos humanos es bajo, pero otros combustibles como el gasóleo pueden contener una porción significativa de azufre.
Los óxidos de nitrógeno se forman mediante procesos de combustión a alta temperatura a través de la reacción del nitrógeno en el aire con el oxígeno. Las emisiones de óxido de nitrógeno de los crematorios son bajas y no son motivo de gran preocupación. El control de los óxidos de nitrógeno se puede lograr a través del control de temperatura y del diseño del quemador.
De acuerdo con la organización Funeral Natural, la contaminación de un crematorio comparada con un automóvil privado que cumpla los estándares de anticontaminación de 2005, es la misma que un vehículo que recorra 15 mil kilómetros en un año, debido a que los crematorios no disponen de filtros.
(Con información de Cejur, Funeral Natural, Incimex y UNAM)


