Las empresas agrícolas no pueden resolver por sí solas el desafío de las cadenas de suministro vinculadas a la deforestación.
La Hoja de Ruta del Sector Agrícola para Limitar el Aumento de la Temperatura a 1.5°C se puso en marcha en 2022 para ayudar a mejorar la implementación y la transparencia en este ámbito.
El proceso de elaboración de la hoja de ruta ofrece valiosas lecciones para otros sectores que se enfrentan a riesgos climáticos, interrupciones en la cadena de suministro e incertidumbre geopolítica.
En 2021, mientras los gobiernos se reunían en la COP26 en Glasgow, quedó cada vez más claro que las empresas no podían resolver por sí solas el desafío de las cadenas de suministro vinculadas a la deforestación.
Las empresas de productos agrícolas básicos se enfrentaban a una creciente presión por parte de inversores, clientes y gobiernos para reducir las emisiones derivadas del cambio de uso del suelo, al tiempo que seguían satisfaciendo la creciente demanda de las 4F: alimentos, piensos, fibra y combustible.
Muchos de sus desafíos, desde la implementación de la trazabilidad y el monitoreo hasta la participación de los productores y la protección del paisaje, eran mayores de lo que un solo país o empresa podía resolver.
En este contexto, la Presidencia británica de la COP26 impulsó el Diálogo sobre Bosques, Agricultura y Comercio de Materias Primas (FACT, por sus siglas en inglés) , que reunió a países productores y consumidores para explorar cómo el comercio, la agricultura y la protección forestal podrían avanzar conjuntamente. Paralelamente a estos debates gubernamentales, la Alianza para los Bosques Tropicales (TFA, por sus siglas en inglés), auspiciada por el Foro Económico Mundial, convocó a empresas, organizaciones de la sociedad civil y expertos técnicos para identificar formas prácticas en que el sector privado podría contribuir.
El resultado fue la Hoja de Ruta del Sector Agrícola para Limitar el Calentamiento a 1.5°C . Se presentó en la COP27 en Egipto en 2022 y fue firmada por 14 empresas involucradas en el comercio mundial de ganado, aceite de palma y soja.
Esta hoja de ruta voluntaria no pretendía prescribir decisiones comerciales ni crear normas para el sector. En cambio, proporcionaba un marco de referencia para que las empresas reforzaran la implementación individual, mejoraran la transparencia y compartieran las mejores prácticas en su camino hacia objetivos comunes en materia de clima y naturaleza.
Aprendiendo de la hoja de ruta del sector agrícola
Si bien el proceso formal de elaboración de la hoja de ruta está llegando a su fin, muchos de los compromisos y acciones que ayudó a impulsar continúan vigentes. Además, ofrece valiosas lecciones para cualquier sector que se enfrente a un mundo marcado por los riesgos climáticos, las interrupciones en las cadenas de suministro y la incertidumbre geopolítica.
El informe “De las promesas a la práctica: lecciones aprendidas de la hoja de ruta del sector agrícola para alcanzar el objetivo de 1.5°C”, del Foro Económico Mundial, analiza estas cuestiones y arrojó estas conclusiones clave.
- Los enfoques compartidos pueden abordar la complejidad en un mundo cada vez más fragmentado
Los requisitos de sostenibilidad se han expandido rápidamente en los últimos años. Las nuevas regulaciones, las expectativas de los clientes y las exigencias de presentación de informes han creado un entorno operativo más complejo para las empresas que se abastecen de productos agrícolas en todo el mundo.
Para quienes suelen abastecerse de las mismas regiones productoras a través de extensas redes de agricultores, cooperativas y proveedores, responder a cada nuevo requisito puede generar duplicación, ineficiencia y confusión.
Una de las lecciones más claras de la hoja de ruta es que los enfoques compartidos pueden ayudar a reducir esa complejidad.
En 2026, por ejemplo, la Alianza de Datos Forestales , una colaboración entre Google, el Instituto de Recursos Mundiales, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la NASA, lanzó los primeros mapas de código abierto de áreas de producción tropical para productos básicos como el cacao, el café, la palma aceitera y el caucho. Mediante el análisis de los cambios del paisaje a lo largo del tiempo, impulsado por inteligencia artificial y gracias al conjunto de datos de la Fundación AlphaEarth , la iniciativa proporciona una base común y transparente para comprender la dinámica del uso de la tierra en las cadenas de suministro.
En un entorno comercial cada vez más complejo, dicha alineación es una fuente de resiliencia y competitividad.
- La trazabilidad se está convirtiendo en una infraestructura empresarial esencial
Las empresas necesitan saber de dónde provienen las materias primas, cómo se mueven a través de las cadenas de suministro y si las zonas de origen enfrentan riesgos ambientales o sociales. Esta información es cada vez más importante para mantener el acceso al mercado, satisfacer las expectativas de los clientes y cumplir con las nuevas regulaciones.
La hoja de ruta contribuyó a acelerar el diálogo sobre enfoques comunes para la transparencia y el monitoreo de la cadena de suministro. Asimismo, destacó la importancia de las soluciones sectoriales que pueden reducir la duplicación y mejorar la calidad de los datos.
Un ejemplo es TRACT, una plataforma respaldada por importantes empresas agroalimentarias para mejorar la trazabilidad de la cadena de suministro y la gestión de datos de sostenibilidad. Al permitir que las empresas trabajen con metodologías más consistentes y analicen información comparable a lo largo de las cadenas de suministro, estas plataformas contribuyen a crear una infraestructura digital común para un comercio agrícola más resiliente.
- Las cadenas de suministro sólidas dependen de productores sólidos
Los agricultores y ganaderos están en la primera línea del cambio climático. Se enfrentan a una creciente volatilidad meteorológica, a cambios en la demanda del mercado y a una presión cada vez mayor para mejorar su desempeño ambiental, a menudo operando con márgenes de beneficio muy ajustados.
Esto tiene repercusiones que van más allá de las cadenas de suministro individuales. A medida que se intensifican los impactos del cambio climático, la resiliencia de los productores se vuelve inseparable de la seguridad alimentaria misma.
Muchas empresas participantes en la hoja de ruta se centraron cada vez más en la colaboración con los productores, brindándoles asistencia técnica, agricultura regenerativa y esfuerzos para mejorar la productividad en las tierras agrícolas existentes. Varias iniciativas vincularon esto con esfuerzos de trazabilidad, creando vías que fortalecen tanto los medios de subsistencia como los resultados ambientales.
La resiliencia de la cadena de suministro a largo plazo depende de comunidades agrícolas económicamente viables. Los sistemas alimentarios no pueden ser más sostenibles si los propios productores no son resilientes.
- La colaboración puede acelerar el aprendizaje
Muchos retos de sostenibilidad son de índole práctica más que competitiva. Cuestiones como mejorar la trazabilidad, medir los cambios en el uso del suelo, involucrar a los proveedores indirectos o apoyar las iniciativas paisajísticas afectan a sectores enteros.
Trabajar en la hoja de ruta ayudó a las empresas a intercambiar experiencias, comparar enfoques e identificar oportunidades para una mayor coherencia, manteniendo al mismo tiempo una total independencia en sus decisiones empresariales.
Este tipo de colaboración precompetitiva ayuda a reducir la duplicación, acelerar el aprendizaje y ampliar las soluciones más rápidamente que los esfuerzos aislados.
- La naturaleza se convierte en un tema empresarial fundamental
Cuando se lanzó la hoja de ruta, muchas empresas veían la protección forestal principalmente desde la perspectiva de la responsabilidad corporativa. Hoy en día, los impactos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad, las interrupciones en las cadenas de suministro y los cambios en la normativa han convertido a la naturaleza en una preocupación empresarial fundamental.
Las empresas líderes reconocen cada vez más que los ecosistemas saludables son fundamentales para la productividad agrícola, la seguridad hídrica y la estabilidad del suministro a largo plazo. Asimismo, los países que logren combinar con éxito el crecimiento agrícola con la conservación forestal estarán mejor posicionados para competir en los futuros mercados alimentarios.
En este sentido, la protección de los bosques contribuye a sistemas alimentarios y economías más resilientes. Esto refleja un cambio más amplio en marcha, a medida que la economía global pasa de considerar la naturaleza como una limitación para el desarrollo a reconocer los ecosistemas saludables como una forma de infraestructura que sustenta la resiliencia económica y la competitividad futura .
Protección y restauración de los ecosistemas
La Hoja de Ruta del Sector Agrícola para Limitar el Temperatura a 1,5 °C nunca tuvo como objetivo resolver la deforestación por sí sola. Ninguna iniciativa voluntaria por sí sola podría hacerlo.
Sin embargo, lo que demostró es que las empresas pueden colaborar en soluciones prácticas para los desafíos colectivos, generar confianza a lo largo de las cadenas de valor y trabajar junto con productores, gobiernos, instituciones financieras y la sociedad civil.
Mientras el mundo mira hacia la COP31 en noviembre de 2026 y la próxima fase de acción climática y ambiental, la seguridad alimentaria futura dependerá de la colaboración para proteger y restaurar los bosques y ecosistemas que hacen posible la producción agrícola.

