En el mundo hay aproximadamente 4,100 millones de mujeres, lo que representa cerca del 49.7% de la población global.
La población mundial total está cerca de 8.300 millones de personas en total, de las cuales, 50.3 % hombres.
Mujeres a la presidencia
Actualmente hay alrededor de 29 mujeres que se desempeñan como jefas de Estado o de Gobierno (lo que incluye presidentas y primeras ministras) en todo el mundo.
Esta cifra representa aproximadamente al 13% de los países reconocidos a nivel global, lo que muestra que los puestos de alto mando ejecutivo siguen estando ocupados mayoritariamente por hombres.
Distribución por regiones
Europa: Es la región con mayor representación de mujeres al frente del poder ejecutivo, con países como Italia (Giorgia Meloni), Dinamarca (Mette Frederiksen) e Islandia (Halla Tómasdóttir.
América Latina y el Caribe: Cuenta con mandatarias como Keiko Fujimori (Perú) y Claudia Sheinbaum (México).
Otras regiones: También hay presencia femenina en el poder ejecutivo en países de África (como Tanzania o Namibia), Asia (como India o Nepal) y Oceanía (como Samoa o las Islas Marshall).
Representación parlamentaria
Al 1 de enero de 2026, las mujeres ocupan el 27.5% de los escaños parlamentarios nacionales en todo el mundo, un aumento apenas perceptible respecto al 27.2% del 2025, según el último informe de la Unión Interparlamentaria (UIP).
El documento, titulado Women in parliament 2025, basado en datos de 49 países que renovaron sus cámaras en 2025, revela una preocupante desaceleración en la lucha por la igualdad política.
El dato más alarmante es el fuerte descenso de mujeres que presiden los parlamentos. La proporción de mujeres como presidentas de estas cámaras ha caído al 19.9% (54 presidentas), frente al 23.7% del año anterior. De los 75 nuevos presidentes de parlamento designados o elegidos en 2025, solo 12 fueron mujeres, un escaso 16%.
América, a la cabeza
América sigue siendo la que tiene mayor representación femenina, con un 35.6% del total de parlamentarias. Durante 2025, las mujeres alcanzaron el 36.1% de los escaños en las 20 cámaras que celebraron renovaciones en 13 países de la región.
América Latina destaca especialmente en el grupo de países que han alcanzado la paridad o incluso tienen más mujeres que hombres en sus cámaras bajas o únicas. Bolivia se une a Cuba, Nicaragua y México en este selecto grupo de las Américas, que a nivel mundial completan Ruanda, Andorra y Emiratos Árabes Unidos.
El papel crucial de las cuotas
El informe subraya que las cuotas bien diseñadas e implementadas siguen siendo un factor decisivo. En 2025, las cámaras con algún tipo de cuota eligieron o designaron un promedio del 30.9% de mujeres, frente al 23.3% en aquellas sin cuotas. El caso de Kirguistán, que experimentó el mayor avance mundial con un aumento de 12.9 puntos porcentuales, ejemplifica este éxito.
Varios países marcaron hitos históricos
Australia alcanzó su máximo histórico con un 46% de escaños para mujeres
Chequia vio aumentar la representación femenina en su cámara baja del 25% a un tercio de los diputados
Ecuador logró un 45% de mujeres en su Asamblea Nacional
Japón vivió un año histórico: por primera vez tiene una primera ministra mujer y, tras las elecciones de julio, la representación femenina en la cámara alta alcanza un récord del 29.4%
Las regiones rezagadas y la amenaza de la violencia
En el extremo opuesto, la región de Oriente Medio y Norte de África se mantiene como la de menor representación, con solo un 16.2% de media. Países como Omán, Tuvalu y Yemen no tienen ninguna mujer en sus cámaras bajas o únicas.
El informe también alerta sobre un grave obstáculo: la violencia contra las políticas. Estudios de la UIP revelan que el 76% de las parlamentarias de la región de Asia-Pacífico sufren violencia psicológica. Un informe de 2026, When the public turns hostile, confirma que las diputadas sufren más intimidación por parte del público, tanto en línea como fuera de ella, que sus colegas hombres (un 76% frente a un 68%). Este clima de hostilidad puede disuadir a muchas mujeres de presentarse a cargos públicos, perpetuando el lento avance hacia la igualdad.
Algunos países, como Filipinas y Colombia, ya han comenzado a legislar para prevenir y castigar la violencia política contra las mujeres, un paso necesario para proteger su participación y acelerar un progreso que hoy avanza a paso de tortuga.
Violencia de género electoral
La violencia de género electoral no es un problema doméstico aislado; impacta directamente la geopolítica mundial al erosionar la estabilidad democrática, debilitar la cooperación internacional y alterar las agendas globales de seguridad.
Cuando se utiliza la coacción, el acoso digital, las agresiones o el asesinato para excluir a las mujeres de los procesos de votación y toma de decisiones, se transforman las dinámicas de poder global a través de los siguientes frentes:
Debilitamiento de las democracias y auge del autoritarismo
Pérdida de legitimidad internacional: Los países que toleran altos niveles de violencia política de género suelen sufrir un retroceso democrático generalizado. Al no garantizar elecciones limpias e inclusivas, pierden credibilidad ante organismos como la ONU Mujeres o la Organización de los Estados Americanos, afectando su peso diplomático.
Consolidación de regímenes híbridos: La violencia actúa como un filtro coercitivo que disuade a liderazgos progresistas o disidentes. Esto facilita la permanencia de autocracias o populismos radicales que instrumentalizan discursos punitivos y desmantelan la equidad.
Mayor propensión al conflicto internacional
El nexo entre violencia interna y externa: Diversos análisis de relaciones internacionales demuestran que los Estados con bajos estándares de derechos humanos y altos índices de violencia de género tienden a resolver sus disputas mediante la militarización. Un país incapaz de pacificar sus procesos políticos internos se vuelve un actor global menos fiable y más propenso a tensiones geopolíticas.
Freno a la “Política Exterior Feminista” (PEF)
Alteración de alianzas estratégicas: Naciones como Alemania, Francia, Canadá o Chile han adoptado formalmente Políticas Exteriores Feministas, priorizando los derechos humanos y la equidad en su diplomacia.
El aumento de la violencia electoral de género frena la expansión de estas agendas y sabotea acuerdos comerciales bilaterales que condicionan la cooperación al respeto de la justicia de género.
Nuevas amenazas en la ciber-geopolítica
Uso de Inteligencia Artificial y desinformación: La violencia de género electoral se ha trasladado masivamente al terreno digital a través de campañas coordinadas de desprestigio, manipulación con deepfakes y discursos de odio. Estos ataques suelen estar respaldados o financiados por granjas de bots extranjeras o actores geopolíticos interesados en desestabilizar elecciones específicas e inclinar la balanza ideológica de una región entera.
Impacto directo en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS)
Obstáculo al desarrollo multilateral: Al forzar el repliegue de las mujeres de la esfera pública por temor a represalias, se frena directamente el cumplimiento del ODS 5 (Igualdad de Género) de la Agenda 2030. Esto reduce el financiamiento internacional para el desarrollo en las zonas más afectadas, perpetuando ciclos de pobreza e inestabilidad institucional.

